La vuelta al mundo de Pedro Paulet es un recorrido por la fascinante vida de este genio multifacético (Arequipa, 1874 - Buenos Aires, 1945). Estadista, científico y artista, Paulet fue el sabio que descubrió los principios de la astronáutica en la Francia de Julio Verne y quien rechazó una oferta para fabricar misiles de guerra para los nazis, con el fin de poner sus estudios al servicio del país que amó e imaginó grande, el Perú.

sábado, 19 de julio de 2014

La primera caminata lunar (restaurada por la NASA)

Como parte de la celebración por los 45 años de la primera caminata lunar, que duró dos horas y media, la NASA ha restaurado las imágenes tal como fueron emitidas por la televisión a todo el mundo.

domingo, 29 de junio de 2014

Los 140 años de Pedro Paulet

Hoy el diario El Comercio, en el suplemento El Dominical, ha publicado un artículo nuestro por los 140 años del nacimiento de Pedro Paulet. Publicamos la versión original y completa del mismo. Pueden descargar la nota aparecida en el diario, haciendo clic aquí. Al respecto, queremos resaltar algo: la foto aparecida hoy fue tomada por Carla Leví y la composición digital, hecha por Herbert Salvatierra.

140 AÑOS DE UN GENIO
Un 2 de julio, de 1874, nació Pedro Paulet Mostajo, pionero de la era espacial. A 140 años de su natalicio, recordamos al visionario de la ciencia, la arquitectura y la economía mundial. 

En 1891, el comunismo ganaba terreno. El Papa León XIII publicaba entonces la encíclica Rerum Novarum. En defensa de la clase obrera, fustigaba el ateísmo comunista tanto como la explotación capitalista del hombre por el hombre. Era el primer antecedente de la llamada Tercera Vía.
 
Lejos del Vaticano, en Arequipa, Perú, el adolescente Pedro Paulet se debatía entre su estricta formación católica y el pensamiento materialista de González Prada, quien proponía que, mediante la ciencia, superaríamos la pobreza que padecíamos desde la Guerra del Pacífico.
 
Huérfano de padre desde los tres años, su madre, Antonina, buscó el cobijo de su hermano Santiago, líder obrero, padre de Francisco Mostajo, futura figura ilustre de la política y las letras arequipeñas.
 
Pedro y Francisco acudieron al colegio “San Vicente de Paul”, conocido como “la escuela de los pobres”, fundada por el sacerdote francés Hipólito Duhamel. Mientras la prédica de Duhamel caló hondo en Pedro -pensaba hacerse sacerdote-, Francisco se hizo anticlerical.
 
Desde pequeño, Pedro asombraba por su inteligencia y creatividad. Era un artista prometedor. Pero pocos entendían al adolescente que lanzaba cohetes caseros, soñando con viajar al espacio. Por amor al Perú, integró la radical Sociedad Patriótica, liderada por Francisco Gómez de la Torre, seguidor de González Prada. Al morir Antonina, Duhamel le consiguió una beca para estudiar Ingeniería y Arquitectura, en París.

En los laboratorios de La Sorbona, finalizando el siglo XIX, el joven genio, obsesionado con materializar el primer jet de la historia, hizo funcionar un motor-cohete de combustible líquido: había inventado el motor de las naves espaciales. Una explosión lo llevaría preso, acusado de anarquista. En 1901, Eduardo López de Romaña, el primer Presidente ingeniero del Perú, quien lo conocía desde adolescente, le dio inmunidad, nombrándolo Cónsul peruano en París.
 
Regresó con el deseo de industrializar el Perú, en 1905. Dirigió la Escuela de Artes y Oficios, formando los mandos medios que requerían los ingenieros peruanos. Fue el primer constructor de casas para obreros, al ganar un concurso de la Municipalidad de Lima en 1910. Inspiradas en el modelo alemán de casas para obreros, las viviendas, adjudicadas por sorteo, se construyeron en La Victoria. El ingeniero y arquitecto Paulet proponía también la Carretera Interoceánica.

Sus ideas, demasiado adelantadas, incluido su avión, fueron ignoradas. En 1911, volvió a Europa, donde casó con la belga Louise Wilquet. De sus siete hijos, dos murieron en la Primera Guerra Mundial por la escasez de medicinas y alimentos. Paulet sacó adelante a su familia con tesón, fabricando juguetes irrompibles en Londres. Por amor al Perú, volvió al servicio diplomático en 1921.

En 1927, cobró fama mundial al revelar, en El Comercio, su proyecto de nave aeroespacial, el Avión Torpedo. La Sociedad Astronáutica Alemana lo declaró pionero. En 1935, tras ser Cónsul en Yokohama, pronosticó, en un libro sobre la economía japonesa, las fructíferas relaciones comerciales en la Cuenca del Pacífico. Propuso asociarnos con la próspera Argentina, construyendo la Gran Diagonal Sudamericana, un ferrocarril de puerto a puerto, desde el Callao, pasando por La Paz, hasta Buenos Aires, para hacer negocios en ambos océanos (una fusión de la Alianza del Pacífico y el Mercosur actuales). Ésta y la Carretera Interoceánica con Brasil tendrían como núcleo la Basílica a Santa Rosa de Lima sobre el cerro San Cristóbal, el ‘monumento más grande del mundo’, que distinguiría a Lima como la Estatua de la Libertad a New York. En Francia, calificaron su idea de rascacielos para albergar a colonos europeos, a lo largo de la Carretera Interoceánica, como “La Torre de Babel en la Amazonía”.
 
En 1939, el gobierno prometió construir la Siderúrgica de Chimbote. Paulet propuso usarla para atraer a los industriales europeos que huían de la guerra. Confiado en la construcción de ésta, partió como diplomático a Argentina en 1941. Los avatares del conflicto bélico hicieron que el Perú detuviera ese proyecto en 1943. Paulet falleció en 1945.
 
El alemán Wernher von Braun, que había aplicado los principios de funcionamiento del motor-cohete de Paulet a los misiles V2, durante la Segunda Guerra Mundial, hizo lo mismo en el programa Apollo, poniendo al Hombre en la Luna en 1969.
 
LA UNIÓN SUDAMERICANA
En su Breve historia de las doctrinas económicas (1940), escrita para sus alumnos de la Universidad Católica, Paulet rechazaba el hitlerismo, como neo paganismo, y tomaba distancia del capitalismo y del comunismo. Anhelaba un bloque económico sudamericano, con una industria sostenida sobre el carbón y el acero. En 1950, Europa crearía la Comunidad del Carbón y el Acero, que sería el germen de la Unión Europea.

miércoles, 21 de mayo de 2014

La fase del "Ingeniero Entusiasta"


Una cuestión que anima esta investigación es conocer cuál era el escenario tecnológico que encontró Pedro Paulet cuando publicó su carta en el diario "El Comercio" en 1927.


Sin ser exhaustivos, en este breve acápite del libro "Sistemas de astronáutica: una introducción con prácticas y soluciones" (2010), los científicos alemanes Ernst Messerschmid y Stefanos Fasoulas, dan un panorama de lo que sucedía en Alemania, EEUU, Gran Bretaña y la URSS.

En esa mirada panorámica, puede notarse con nitidez el rol central que le cupo al ingeniero peruano en el desarrollo de la astronáutica.

Nótese que, al referirse a él, hablan de sus trabajos experimentales mas no de su obra teórica, desconocida hasta el momento si existiere. Eso coincide con lo que nos dijera alguna vez el Doctor Jorge Heraud, director del Instituto de Radioastronomía de la Pontificia Universidad Católica del Perú: que Paulet no era un científico, sino un inventor.

Lo que no constituye ningún demérito. Creemos que para haber llegado a concebir sus inventos, tuvo que haber pasado por un "proceso teórico", que podría constar en alguna colección privada. Y, en cualquier caso, al final del texto, los autores consideran a Paulet como uno de los cuatro pioneros fundamentales de la astronáutica.

Traducción: cortesía de la traductora Corina Salvatierra Böttger.

1.2.3. La fase del "Ingeniero entusiasta" (1895-1935)
Después de la fase correspondiente a los escritores y los soñadores desatendidos, la cual culminó alrededor de 1927, especialmente, gracias a los trabajos fundamentales de Tsiolkovsky, Robert H. Goddard y Oberth, así como a los experimentos de Goddard y de Pedro E. Paulet, se formaron, por primera vez, grupos de ingenieros entusiastas: la Sociedad para Vuelos Espaciales (Verein für Raumschiffahrt, 1927), la Sociedad Americana Interplanetaria (American Interplanetary Society, 1930), la Sociedad Británica Interplanetaria (British Interplanetary Society, 1930) y el Grupo de Estudios del Movimiento de Reacción (Gruppa Isutschenija Reaktiuwnowo Dwischenija, GIRD, desde 1930), de Moscú y Leningrado, en torno a Sergei Korolev y Friedrich Zander. En la investigación técnico-científica sobre los fundamentos de la propulsión de cohetes y la mecánica de control y vuelo de los mismos, el vuelo espacial tripulado se mantenía siempre en primer plano gracias a Tsiolkovsky, Oberth, Goddard y Paulet. Asimismo, si bien durante la Primera Guerra Mundial y en años posteriores, Oberth y Goddard también buscaron despertar el interés de los estados mayores en el desarrollo de misiles en lugar de armas de gran alcance, no tuvieron éxito. Sin embargo,  es mediante el trabajo de estos cuatro pioneros de la cohetería y la astronáutica que se cumplieron las condiciones que propiciaron un nuevo auge de la tecnología de cohetes alrededor de 1930.

viernes, 18 de abril de 2014

Pedro Paulet entre alemanes en guerra


El 18 de abril de 1944, el popular diario bonaerense "Crítica" titulaba "Hace 40 años, un Peruano, Precursor de la Moderna Aeronavegación, inventó el Avión sin Hélices". En esa entrevista, Pedro Paulet, Consejero Comercial de nuestra Embajada, proponía una industria aeronáutica sudamericana.
No era un desconocido. En octubre de 1927, había hecho público su invento de un motor-cohete de combustible líquido en un diario peruano. Un mes después, Max Valier, líder de la Sociedad Astronáutica Alemana (VfR) -¿quizá aguijoneado por el invento peruano?- se asociaba con el constructor de automóviles Fritz von Opel, para experimentar recién con motores de pólvora en autos de carrera, como atestigua la película siguiente.
Esta película merece un comentario para ponernos en contexto. En ella, se aprecia un momento del Opel Rak 2, del 23 de mayo de 1928. Ese mismo día, Hermann Oberth exponía sin éxito y con mucha tristeza su teoría de motores líquidos ante el stablisment, la Sociedad de Ingenieros de Alemania. Willy Ley, otro socio de la VfR, culpó a Valier y sus experimentos con pólvora por quitarle piso a Oberth. Éste y Valier rompieron palitos.
Acá empieza lo interesante. Hay pruebas de que Paulet, quien era Cónsul en Rötterdam, estuvo un día después en Berlín, en las galas del Centenario de la Sociedad Geográfica de esa ciudad.
No se sabe si fue testigo de la presentación de Valier o la de Oberth, o se vio en esa semana con los miembros de la VfR, pero ese año fue reconocido como inventor del motor de combustible líquido en los libros de Valier y de A.B. Scherschevsky, ciudadano ruso, también miembro de la misma sociedad. Por coincidencia, varios años después, Willy Ley, el escudero de Oberth, quiso restarle méritos a estos dos autores.
Aquí hay que abrir un paréntesis. Tras el Opel Rak 2, Opel y Valier se separaron. Mientras Opel, quien únicamente buscaba publicidad para su empresa, siguió con sus pruebas con pólvora, Valier empezó a buscar el motor de combustible líquido. Otra vez nos preguntamos: ¿pudo verse con Paulet?
Sólo se sabe que el siguiente mes, junio de 1928, mientras Opel celebraba el Opel Rak 3, Paulet solicitaba al Perú traer científicos alemanes. ¿Quizá a Valier?
Esta historia tiene más vueltas. Por esos días, el cineasta Fritz Lang enroló a Oberth para hacer un cohete líquido que lanzar en el estreno de su película "La mujer en la Luna" (1929). Oberth fracasó: no pudo pasar de la teoría a la práctica por su poca habilidad como mecánico, aunque veladamente responsabilizó al ruso Scherschevsky, a quien había contratado para construir la cámara de combustión -¿inspirado en Paulet?-.
Y otra vuelta más. En 1931, Robert W.E. Lademann, otro integrante de la VfR, informaba en la revista francesa "Science et vie" que Opel y Oberth, que se habían asociado tras romper cada uno con Valier, habían experimentado sin éxito con el motor del peruano Pedro Paulet.
Lademann no ofrecía más detalles de esta prueba pero -no se piense equivocadamente- no dudaba en declarar que nuestro compatriota era un pionero de la astronáutica.
Para mayor sorpesa, un giro más. En 1968, en una conferencia, Opel reveló que Fritz Lang le pidió construir un motor de combustible líquido para "La mujer en la Luna", lo que rechazó por su dificultad. ¿Esa negativa tuvo que ver con el experimento mencionado por Lademann?
Como sea, el primero que pudo construir un motor líquido en Alemania (1929) fue Valier, como se ve en el video. Se dice que ese año buscó a Hitler, el político de moda, para convencerlo de financiar misiles con esa tecnología. ¿Sería ése el motivo del alejamiento de Paulet que siempre nos cuentan?


jueves, 10 de abril de 2014

Paulet y la conexión rusa (II): Scherschevsky, el espía

El 12 de julio de 2004, en el diario rumano Siebenbürgische Zeitung apareció una nota firmada por Hans Barth (1934-2011), uno de los biógrafos de Hermann Oberth: A. B. Scherschevsky, asistente de este pionero de la astronáutica durante la fallida construcción de un cohete de combustible líquido para la película "La Mujer en la Luna" (1929), había resultado ser espía soviético y enviado información de sus experimentos a los servicios secretos rusos.
En nuestra publicación anterior, Paulet y la conexión rusa: A.B. Scherschevsky, señalábamos que Oberth había asumido décadas después la responsabilidad de ese fracaso, atribuyéndoselo a su falta de conocimientos de mecánica. No obstante, el artículo de Barth de 2004 optaba por afimar que el experimento fracasó por falta de tiempo y dinero.
Como ya dijimos antes, en la Unión Soviética, Nikolai Rynin publicó entre 1928 y 1932 la gran enciclopedia astronáutica "Vuelo y Comunicación Interplantetarios". Rynin señala como un importante colaborador de la misma a A.B. Scherschevsky. E incluye una minuciosa descripción del proceso de trabajo del cohete para la película alemana. Sin embargo, Barth afirmaba que el ruso envió informes de 1929 a 1931 a los servicios de inteligencia soviéticos. ¿Cuál era el secreto?
Pareciera que su objetivo era demostrar la influencia aeroespacial alemana en la Unión Soviética. Eso no está en duda. Ni siquiera lo del espionaje. Sin embargo, ¿cómo se entiende el mal disimulado tono despectivo sobre el ruso, que puede apreciarse a lo largo del texto?
¿Ignoraba Barth la biografía que Rynin hizo de Scherschevsky en esa enciclopedia y que publicamos en la entrega anterior, donde se puede apreciar que era una persona instruida y gran conocedor de la técnica aeroespacial? Lo dudamos. Por el contrario, parece que que esto forma parte de una campaña de desprestigio sistemático quizá para levantar la figura de Oberth.
Campaña que trataremos de ir desmontando, pues eso acaba siendo utilizado por los detractores de Paulet, quienes aprovechan para afirmar que el mayor defensor del peruano fue Scherschevsky, al que se trata de pintar como excéntrico. Por cierto, el primero en reconocer como pionero el motor-cohete de Paulet fue Max Valier, tempranamente fallecido en 1930.
A continuación, una traducción del artículo de Barth hecha por la traductora profesional Martha Vargas Bautista. Juzguen ustedes.
Doctor Hans Barth


Asombrosos archivos recientemente descubiertos: Los soviéticos espiaban a Oberth
Un hallazgo en los archivos de los servicios secretos rusos proporciona material para fascinantes novelas de espionaje: los soviéticos espiaban al “Padre de la astronáutica”, Hermann Oberth, durante el desarrollo de sus trabajos en Berlín. El sajón de Transilvania construyó hace 75 años un pequeño motor-cohete, al que en la historia de la astronáutica se le denominaría "Kegeldüse" (Tobera Cónica). Su primer asistente fue un tal Alexander B.  Scherschevski, quien desde noviembre de 1929 hasta julio de 1931 proporcionó un total de 32 informes al servicio de inteligencia militar del Ejército Rojo en la embajada soviética en Berlín. Motivo por el cual en Moscú estuvieron muy bien informados de los fundamentos de la aeronáutica y técnica de cohetes que sentó Hermann Oberth.
Este año tienen motivo de celebración una serie de acontecimientos de la vida y obra de Hermann Oberth: en el 2004, se cumplen 110 años de su nacimiento el 25 de junio de 1894; 75 años desde el estreno de la primera película sobre el espacio, “La mujer en la Luna”, película en la que Oberth cooperó como asesor científico; 75 años desde la construcción, en Berlín, de su motor-cohete apto para funcionar con combustibles líquidos ("Kegeldüse": Tobera Cónica); 75 años desde la publicación de la obra más importante de Oberth, “El camino hacia el viaje espacial”, obra que en la literatura especializada ha sido denominada como la “Biblia de la astronáutica científica” y finalmente, se cumplen diez años desde la inauguración del Museo Hermann Oberth en Mediaș, región de Transilvania, lugar dónde el pionero de la astronáutica había escrito su innovadora obra.
Hermann Oberth. Anecdótico, humorístico y contemplativo

Los ciudadanos de Mediaș conmemoraron estos acontecimientos el 15 de junio con un acto en el Museo Oberth; con una competencia sobre el pionero de la astronáutica de la región sajona de Transilvania entre los colegios "Stephan Ludwig Roth y "Hermann Oberth", así como también con la presentación de la reciente publicación de la antología de anécdotas de Oberth traducida al rumano.
Esta presentación se llevó a cabo bajo el auspicio del Foro Alemán en la Casa Schuller, donde el autor tuvo  que firmar  aproximadamente  200 ejemplares de su obra. Un miembro del consejo municipal le pidió una dedicatoria para el Presidente Ion Iliescu y para el Primer Ministro Adrian Nastase, dedicatoria que entregaría al día siguiente en Bucarest. Los derechos de traducción sobre el libro “Hermann Oberth. Anekdotisches, Humorvolles, Besinnliches” (“Hermann Oberth. Anecdótico, humorístico y contemplativo”) publicado por la editorial Edition Wort und Welt en 1998 fueron transferidos por la editorial y el autor, Hans Barth, a la Fundación del museo de Mediaș exentos de licencia bajo la condición de que los ingresos obtenidos se empleasen únicamente en beneficio del Museo Oberth de esa ciudad.
En Feucht, cerca de Núremberg, la patria adoptiva del pionero de la astronáutica, las actividades comenzaron el 25 de junio, en  el día del nacimiento de Oberth con el discurso de Thomas Reiter, astronauta de la Agencia Espacial Europea, “Pasado, presente y futuro en el espacio”. Al día siguiente, en medio de una serie de conferencias sobre la historia de la astronáutica, se hallaba sobre todo la celebración de los 75 años. La proyección de la legendaria película muda  “La mujer en la Luna” (1929) de Universum  Film, que se llevó a cabo en la noche, gozó de gran aceptación. El 27 de junio se dio por terminado los “Días de la astronáutica” en Feucht, durante  la Asamblea General de la Asociación de Museos.  El motivo principal de esta asamblea fue la elección del nuevo presidente del Museo del Espacio Hermann Oberth. El astronauta alemán, Profesor Doctor Ulrich Walter, de la Universidad Técnica de Múnich, asumió este cargo honorífico en lugar del renombrado científico del espacio Profesor Doctor Ingeniero Harry O. Ruppe, quien debido a su edad no pudo presentarse para el cargo.

Las pruebas de cohetes realizadas en Berlín en 1929 y 1930

En esta contribución a estos eventos, no es mi intención repetir todo aquello que se puede leer sobre Oberth en las biografías escritas por mí o por otras personas. Mi intención es informar sobre aquello que va más allá y está directamente relacionado a los tres acontecimientos de hace 75 años.
Cuando en 1991 se publicó mi tercera y más extensa biografía de Oberth, casi todos los críticos estuvieron de acuerdo: con esto se dijo todo sobre Oberth. Sinceramente,  pensé de igual manera. Hoy, sabemos que fue una equivocación, ya que aquello de lo que nos enteramos después proporciona incluso material para emocionantes novelas de espionaje.

Hermann Oberth en el Museo del espacio en Feucht con la copia del modelo de la “Kegeldüse”, el pequeño y codiciado motor-cohete del año 1929

Para aclarar este punto, debo retroceder un poco, para ser exacto hasta el año 1929, un año lleno de acontecimientos. En aquel entonces, Oberth trabajaba en Berlín. El famoso director cinematográfico Fritz Lang lo había designado como asesor científico para su película “La mujer en la Luna”. Así, Oberth tuvo también la oportunidad de construir un cohete pequeño, que debía despegar antes del estreno para contribuir a la publicidad de la película sobre el espacio. Oberth empezó a trabajar. Lo primero que desarrolló y probó fue un pequeño motor-cohete, que en la historia de la astronáutica se le denominaría "Kegeldüse". Para llevar a cabo estos trabajos, Oberth contó, entre otros, con la ayuda de los estudiantes de la universidad técnica, Wernher von Braun y  Rolf Engel; su primer asistente fue un tal Alexander B. Scherschevski. Este “emigrante ruso” se presentó ante Oberth como un gran conocedor  de la literatura sobre el espacio; y poco antes él mismo había publicado en Alemania un  popular libro científico sobre el espacio.

El papel del asistente de Oberth: A. B. Scherschevki

Debo admitir que desde un principio este hombre me pareció muy sospechoso. Principalmente por una razón muy específica: la primera carta que Hermann Oberth envió desde Mediaș al pionero ruso de la aeronáutica,  Konstantin E. Ziolkowski,  fue escrita en alemán, mientras que  las dos cartas que envió desde Berlín (1929) fueron escritas en ruso e incluso con una máquina con caracteres cirílicos y el contenido de las cartas mantuvo un tono cordial hacia Rusia. Muchas veces me pregunté, ¿en qué parte de Berlín podría encontrarse este tipo de máquina? ¡Claro, solo en la embajada soviética! Me parecía que algo no estaba bien, pero no tuve la oportunidad de investigar sobre la sospecha.
Cuando quisimos recrear una "Kegeldüse" con las mismas proporciones de la original  para el Museo  Hermann-Oberth de Feucht cerca de Núremberg, el lugar de residencia de Oberth, se le pidió a Oberth, a von Braun y a Engel que trazaran de memoria el diseño original del primer motor-cohete. Todos lo hicieron, pero cada uno de ellos presentó algo diferente, ya que ninguno podía recordar con exactitud. Sin embargo, Karlheinz Rohrwild, director del Museo Oberth de Feucht, quien había convertido a la "Kegeldüse" en su objeto de estudio, no se rindió y continuó investigando, también en Rusia. Frecuentemente, contó con la importante colaboración de su colega rusa, Doctora Tanja Jelnina. Y he aquí, que en algún momento apareció el diseño exacto. Usted tiene diez oportunidades para adivinar en dónde fue encontrado.
En los archivos de los servicios secretos rusos, que ahora se pueden consultar en la Academia Rusa de las Ciencias. Y en efecto, fue “mi amigo” A. B. Scherschevski, quien desde noviembre de 1929 hasta julio de 1931 entregó en la embajada soviética en Berlín un total de 32 informes al servicio de inteligencia militar del Ejército Rojo. En esa época, existían ya en Moscú y Leningrado los primeros institutos de investigación de técnica de cohetes y estaban muy bien informados, como se diría hoy en día, en “tiempo real”, sobre los trabajos de desarrollo de Oberth. No es ninguna sorpresa entonces que los primeros motores-cohete rusos se asemejen a la construcción de Oberth. No solo se proporcionaron detalles sobre la "Kegeldüse". También el cohete de dos metros de Universum Film fue descrito a los “colegas rusos” con todos los detalles técnicos para su construcción. Este cohete debió despegar antes del estreno de la película, pero por motivos de tiempo y dinero no pudo estar listo en la fecha programada. Aún hay más, Oberth le había encargado a Scherschesvki la lectura de las pruebas de su obra más importante, "Wege zur Raumschiffahrt" (El camino hacia un viaje espacial). Fue de ese modo que el contenido de la obra más importante de Oberth ya se conocía en Moscú cuando fue publicada por la editorial Müncher Oldenburg.
Cuando, durante mis conversaciones con Hermann Oberth, se hablaba de A.B. Scherschevski, recibía siempre la siguiente respuesta: “Él era demasiado flojo; cada vez que entraba en su oficina, lo encontraba sentado delante de una hoja en blanco y dormitando. Finalmente, tuve que despedirlo”.
Ahora lo sabemos con mayor exactitud: el buen hombre, no era para nada flojo; al contrario, trabajaba mucho y muy bien, solo que no para Oberth, sino para los otros.  Lo valiosos que fueron estos “informes” para sus destinatarios, se demuestra con el hecho de que desde 1932 se intentó reclutar a Oberth dos veces para Rusia (“donde usted tiene todo lo que desea a su disposición”)
Dr. Hans Barth
(Edición impresa: Siebenbürgische Zeitung, No. 11 del 15 de Julio de  2004, Editorial)

domingo, 6 de abril de 2014

Paulet y la conexión rusa: A.B. Scherschevsky

"Según se indica en los informes del ingeniero Paulet, se demuestra que, con los ineficientes motores cohete de la época, que eran además limitados en su construcción por los mismos materiales a disposición, se podía diseñar motores cohete impulsados con combustible líquido. Esto está dirigido sobre todo a los críticos y a los escépticos".

Así afirmaba, en 1928, el científico ruso Alexander Boris Sherschevsky, radicado en Alemania y miembro de la Sociedad Astronáutica Alemana, en su libro "El Cohete para Viajes y Vuelo. Una introducción popular al problema del cohete".

Normalmente, se afirma que el libro fue publicado en 1929. Pero, hemos encontrado que en octubre de 1928, Die Rakete, boletín de la mencionada sociedad, anunciaba su salida, elogiándolo por ser exhaustivo y, al mismo tiempo, ameno para un público no iniciado. Y, en efecto, es un libro que sigue siendo referencia para quienes investigan la historia del nacimiento de la astronáutica en Alemania, en el periodo previo a la Segunda Guerra Mundial.

Ese libro le dio prestigio y lo catapultó a puestos importantes. Por ejemplo, en 1929, Hermann Oberth, uno de los padres de los viajes espaciales, lo elogió en el prólogo de uno de sus libros por sus contribuciones y lo contrató como uno de sus colaboradores cuando el cineasta Fritz Lang le encargó construir un cohete de combustible líquido para lanzarlo en el estreno de su película “La mujer en la Luna”.

Ese experimento no funcionó y, al parecer, Oberth acabó peleado con Scherschevsky, aunque Oberth mismo reconocería, décadas después, que el fracaso se debió a que él no tenía habilidades de mecánico. El caso es que, con el correr de los años, el ruso ha sido denigrado. Incluso se afirma que Oberth decía un chiste sobre él: que era el segundo hombre más flojo del mundo.

Otro que pretendió denigrarlo fue Willy Ley, también miembro de la Sociedad Astronáutica Alemana, con un argumento xenófobo: le pedía que se fuera a su país y le molestaba que Scherschevsky apenas se encogiera de hombros. Esta anécdota la recogió el norteamericano Frederick Ordway III, detractor de Paulet, para supuestamente ilustrar la baja calidad de los defensores del peruano.

En una segunda entrega, ahondaremos en todo eso. Por ahora, queremos llenar un vacío: saber quién fue Scherschevsky. Así que dejemos que un compatriota suyo, nada menos que Nikolai Rynin, autor de la afamada enciclopedia soviética de la astronáutica, “Vuelo y Comunicación Interplanetarios” (1928-1932), nos presente una sucinta biografía de él, en la que se aprecia, por ejemplo, que fue alumno del propio Rynin y nada menos que de Albert Einstein.

VIDA DE A. SHERSHEVSKII
Aleksandr Borisovich Shershevskii, nació el 22 de octubre de 1894 en Leningrado. Obtuvo su bachillerato en la privada Shtemberg Realschule. En 1913, fue admitido en el Departamento de Mecánica del Instituto Politécnico de Leningrado. Allí estudió ingeniería mecánica, construcción naval e ingeniería aeronáutica bajo la guía de los siguientes profesores (listados en orden alfabético): (el difunto) A.P. Boklevskii, J. de Bottesatte (ahora en los EE.UU.), D.N. Zeiliger (ahora en la Universidad Estatal de Kazan), A. Loffe (Leningrado), N.A. Rynin (Leningrado), (el difunto) V.A. Slesarev, van der Vleet (ahora en Praga), (el difunto) A.A. Fridman, (el difunto) V.I. Yarkovskii, y otros. En la primavera de 1915, Shershevskii se ofreció como voluntario en la división de aviación del Aero Club, donde completó cursos sobre motores de aviones y entrenamiento como piloto. En el verano de 1916, fue liberado de este programa debido a dificultades de visión. En 1916 y parte de 1917, durante un total de seis meses, Shershevskii trabajó en la fábrica de aviones Lebedev en Leningrado, Novaya Derevnya (construcción práctica, fabricación y ensamblaje). En 1919, se fue a Berlín, Alemania. Allí continuó sus estudios como auditor en la Universidad de Berlín (Departamento de Física y Matemáticas de la Facultad de Filosofía) y la Technische Hochschule, bajo la guía de los siguientes profesores (listado alfabético): Bieber Bieberbach (Matemática Pura), A. Einstein (Relatividad), R. von Mises (Matemática Pura y Aplicada), el señor Plank (Física), H. Reissner (Estática), R. Fuchs (Aerodinámica) y G. Hamel (Mecánica). En 1925, trabajó en el departamento de patentes de la fábrica de aviones Aohrbach (aviones completamente metálicos y aeronaves). De 1924 a 1926, bajo la dirección del Mayor Tschudi, presidente del Aero Club alemán, Shershevskii preparó la sección rusa de un diccionario internacional en siete idiomas. Colaboró con un número de revistas de aviación (Z.F.M., Flugsport, Luftfahrt, Illustrierte Flug - Woche, Jungflieger, Die Rakete, Zeits. für angewandte Mathem. u. Mechanik, Vestnik Vozdushnogo Flota, y otras). En 1928, un popular libro de la ciencia escrito por Shershevskii fue publicado por la empresa editorial C.I.E. Volckmann en Berlín-Charlottenburg: "El Cohete para Viajes y Vuelo. Una introducción popular al problema del cohete". Él trabajó con el profesor Oberth. En la actualidad participa en el trabajo de la Deutsche Versuchsanstalt für Luftfahrt en Berlín-Adlershof. En el futuro cercano, tiene la intención de completar un estudio de los cohetes de largo alcance (Zum Variatsionsproblem der Fernrakete) y un estudio sobre el desarrollo de formas y tamaños de los animales y los mecanismos, moviéndose en un medio líquido o gaseoso o en el vacío (naves espaciales).
Shershevskii estaba interesado en la aeronáutica casi desde su primera infancia y mientras estaba en la escuela, organizó un club de aeromodelismo. Construyó modelos él mismo, y de 1911 a 1914, colaboró con las revistas "Vestnik Vozdukhoplavaniya" y "Aerozhizn" (Sociedad de Leningrado). Ya en 1912-1913, realizó pruebas con aviones sin cola (las que recién ahora están comenzando a desarrollarse en la División de Investigación de la Rhon - Rositten Gesellschaft en Wasserkuppe, Rhon, Alemania, por el ingeniero A. Lippisch, Fr Stamer, y F. Wenck); los resultados de esas pruebas no han sido publicados.
Shershevskii se interesó en los cohetes y los viajes interplanetarios al leer la obra clásica de Tsiolkovskii "Exploración del Espacio Planetario con Máquinas Jet" (Vestnik Vozdukhoplavaniya, Leningrado, 1911-1913).

martes, 25 de febrero de 2014

"El sueño de Paulet" en la revista Cosas Hombre

El último número de la revista Cosas Hombre (Edición N° 33. Febrero de 2014) ha publicado un artículo nuestro bajo el título "El sueño de Paulet". Adjuntamos aquí las páginas del artículo escaneadas y copiamos la versión original, entera y con su título original (que no necesariamente es mejor), sin los recortes y acomodos que la edición periodística exige a veces.



PAULET. GENIO, GERMÁNICO Y MISTERIOSO

Sumario revista Cosas Hombre. Febrero 2014
Aun hoy se debate si Pedro Paulet Mostajo (1874-1945) inventó el motor-cohete, sistema de propulsión de las naves espaciales. Arquitecto futurista, visionario de la economía mundial y diplomático, escribió innumerables informes sobre cómo el Perú podría desarrollarse a la par de las grandes potencias. Se ignora casi todo de su vida privada, pero un cineasta peruano, tras una década de reconstruir su pasado, descubrió la filiación pro germánica del sabio hacia fines de la Segunda Guerra Mundial.

Portada del artículo "El sueño de Paulet".
“Hace 40 años un Peruano, Precursor de la Moderna Aeronavegación, inventó el Avión sin Hélices”, decía un titular de Crítica, popularísimo diario argentino. Era abril de 1944, seguía la carrera armamentista en la Segunda Guerra Mundial, y el entonces Consejero Comercial de la Embajada del Perú en Buenos Aires, ingeniero Pedro Paulet, proponía en una entrevista el desarrollo de una industria aeronáutica sudamericana. Su intención, al parecer, habría sido llamar la atención del gobierno argentino, en el que el Vicepresidente y Ministro de Guerra, coronel Juan Domingo Perón, era el verdadero poder en la sombra.
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Argentina tenía un partido nazi desde 1930. Se había declarado neutral en la guerra, aunque su inclinación por el Eje era inocultable y competía ferozmente con Estados Unidos por el liderazgo en el continente. El Perú era de los Aliados desde 1942, por presión de los Estados Unidos; no obstante, varios de sus líderes políticos habían evidenciado simpatías con el fascismo. En lo personal, Paulet escribió en 1940 que no comulgaba con el capitalismo, ni con el comunismo, ni con el nazismo.

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Sí, en cambio, era germanófilo. “Soy admirador de todo lo alemán”, escribió en 1906, planteando emular a Alemania, a fin de industrializar el Perú. Coincidía con Perón en la opción por la Tercera Vía y por un bloque económico sudamericano. Confiado en que Prado Ugarteche, presidente desde 1939, construiría la siderúrgica que prometió, propuso que el Perú y Argentina, que estaban industrializándose, se asociaran. Diez años antes, había ideado una vía férrea desde el Callao hasta el puerto de Buenos Aires, habilitando una salida comercial por el Océano Pacífico y otra por el Atlántico para cada país. Su libro El Japón Moderno y sus bases económicas (1935), escrito cuando fue Cónsul en Yokohama, preveía que se harían grandes negocios en la Cuenca del Pacífico.

El ataque a Pearl Harbor, en 1941, cuando él ya estaba en Buenos Aires, trastocaría sus planes. El Perú rompió con el Eje y se unió a los Aliados (1942). La siderúrgica se paralizó (1943). Brasil, otro país falsamente neutral, empezó a construir una siderúrgica con apoyo de Estados Unidos (1944) mientras Perón acogía a científicos alemanes, incluidos expertos en energía atómica, que huían de la guerra, otorgándoles pasaportes falsos. Si  nuestro compatriota Paulet quería construir el Avión Torpedo (1902), precursor de los jets que romperían la barrera del sonido (1947), Argentina era el lugar soñado.

Paulet cobró fama en 1927, al difundir (en una carta al diario “El Comercio”) su proyecto de avión con motores de combustible líquido. No mostraba ninguna patente pero decía que lo había concebido en París, tres décadas atrás, habiendo hecho funcionar el prototipo de esos motores cuando estudiaba en La Sorbona. “Desgraciadas circunstancias” le impedirían culminar el proyecto. ¿Se refería a la explosión que le destruyó un oído y que lo llevó preso a una comisaría acusado de anarquista? Los profesores de la prestigiosa universidad, que consiguieron liberarlo de la cárcel, le prohibieron seguir experimentando.

¿O fue quizá su filiación germánica su “desgraciada circunstancia”? Desde 1896, el Perú tenía acantonada una Misión Militar Francesa para profesionalizar su ejército. Chile tenía una Misión Militar Alemana con similar propósito. En la primera década del siglo XX, Paulet promovía una industria autóctona, desarrollando tecnología para usos pacíficos y militares (que incluiría, probablemente, el Avión Torpedo), mientras el influyente Barón Coronel Félix D’André, de la Misión Militar Francesa, proponía importar aeroplanos franceses para acoplarles su invento, la Metralleta Aviatriz.

El Presidente del Perú, Augusto B. Leguía, habría ignorado a Paulet dos veces: en la primera década del siglo XX, cuando le da la razón a D’André, y en la segunda, hacia el 1927, tras su carta publicada en El Comercio. El gobierno peruano actuaba  contrariamente a lo que hacía la SAA, Sociedad Astronáutica Alemana (Verein für Raumschiffahrt o VFR). Fundada apenas tres meses antes de la carta de Paulet, la SAA reunía a los expertos aeroespaciales más importantes del planeta, quienes, irónicamente, no habían podido construir un motor de combustible líquido, único modo de propulsión para navegar por el espacio, donde no hay aire.

La carta de Paulet, traducida al alemán, los dividió. Los desconfiados exigían una patente; los verdaderos conocedores, no: sencillamente, nadie había hecho funcionar un motor así. El más entusiasta, Max Valier, el auténtico pionero aeroespacial, construiría, en 1929, el primer motor de combustible líquido alemán. Su compatriota Robert W.E. Lademann vería en ese motor un potentísimo sustituto de los cañones (1929). Los futuros creadores del Sputnik ruso conocerían del mismo en 1932, vía la monumental enciclopedia astronáutica soviética, alimentada por el ruso Alexander Scherschevsky, miembro de la SAA.

Es verdad que el norteamericano Robert H. Goddard lanzó un cohete con motor de combustible líquido en 1926. Pero sus experimentos secretos sólo se conocieron en Alemania después de 1929, como estableció el alemán Alfred Fritz, descartando toda influencia norteamericana. Y, comparando los motores de ambos inventores, hizo notar la superioridad del sistema de alimentación de combustible del motor peruano, el que se sigue usando hasta hoy.

En 1929, un joven genio, Wernher von Braun, ingresó a la SAA. En 1932, luego de nutrirse de los conocimientos de la época, pasó a la clandestinidad, a construir misiles para el ejército germano. Reapareció una década después, cuando los misiles V2 (con V de Venganza), fabricados por él para el III Reich -y que empleaban motores como el de Paulet-, destruían Londres.

En 1944, el británico Frank Whittle, voló un avión con motor a reacción, haciendo obsoletas las hélices y motivando a Paulet a dar la entrevista al diario Crítica. ¿Llegó a proponer sus proyectos al gobierno argentino? No se sabe aunque Argentina fue, en pocos años, con Perón como presidente, uno de los primeros países del mundo en fabricar un jet. ¿Constaría ese encuentro en los archivos sobre Perón y los nazis que habrían sido destruidos por el gobierno de Carlos Menem? Es otro misterio por aclarar.

Paulet murió en enero de 1945, dos meses antes de que Argentina, presionada duramente por Estados Unidos, le declarase la guerra al Eje. Cuatro meses antes del fin de la guerra. O sería mejor decir cuatro meses antes de que von Braun fuese capturado y llevado prisionero a Estados Unidos bajo el cargo de genocida, para terminar siendo director del Programa Apolo, que colocó al Hombre en la Luna. En 1966, Von Braun le dedicó al peruano unos párrafos en “Historia Mundial de la Astronáutica”, aunque relativizando su aporte.

En el Perú, el maltrato no ha sido menor. El historiador Tauro del Pino lo excluyó del Cuaderno Bio-bibliográfico de 1945, donde se citaba a las grandes personalidades recientemente fallecidas y sus obras. En 1950, Francisco Mostajo, su primo, reclamaba que su viuda no había recibido aún su pensión. Al parecer, su cuerpo no ha sido repatriado aun hoy. Irónicamente, existe un mausoleo con su nombre en el Presbítero Maestro, donde se hacen paseos turísticos para visitar sus restos.

El Doctor en Física francés Jean-Jacques Serra, de los mayores expertos aeroespaciales del mundo, está entre los que cree que el motor de Paulet es el pionero. Serra indaga en los archivos de La Sorbona y en los archivos policiales, para determinar la fecha del invento. Pero, cabe la pregunta: si Julio Verne es considerado un pionero por sus novelas, ¿por qué Paulet no podría serlo por su precisa descripción de un motor que hoy la NASA propone para los viajes futuros, como a Marte?

En 2014, celebraremos los 140 años de Paulet, ícono de la industrialización en el Perú.