La vuelta al mundo de Pedro Paulet es un recorrido por la fascinante vida de este genio multifacético (Arequipa, 1874 - Buenos Aires, 1945). Estadista, científico y artista, Paulet fue el sabio que descubrió los principios de la astronáutica en la Francia de Julio Verne y quien rechazó una oferta para fabricar misiles de guerra para los nazis, con el fin de poner sus estudios al servicio del país que amó e imaginó grande, el Perú.

jueves, 12 de enero de 2017

¡AZOTE PARA SUTTON Y CLARK!

Desde hace un tiempo, queríamos escribir esto. Hoy, un buen -e inesperado- amigo nos ha dado el pretexto para ocuparnos de un par de historiadores norteamericanos que no hablan muy bien de Pedro Paulet y, para eso, cometen deslices que parecen de aficionados.

George Paul Sutton con su libro (edición de 1958).
George P. Sutton (1920-?), es un ingeniero de propulsión de cohetes norteamericano, cuyo libro "History of Rocket Propellant Engines", es considerado por varios como el más leído por las personas dedicadas a la cohetería espacial. El libro ha tenido diversas ediciones y ya en la primera (1949) y en la segunda (1956) se ocupaba del invento de Pedro Paulet, el motor-cohete espacial.
Acá viene lo divertido. En la edición del 2006, cuando habla de los propelentes que usó Paulet dice literalmente: "...peróxido de nitrógeno (no está claro qué oxidante realmen-te era éste) y gasolina".

Módulo Lunar (1969).
¡¿No está claro qué oxidante realmente era éste?! ¡¿El experimentado Sutton no lo sabía?! La respuesta más amable es: el peróxido de nitrógeno es, por medio del elemental principio de equilibrio químico, el tetraóxido de nitrógeno, el mismo que utilizó el Modulo Lunar para descender sobre el satélite de la Tierra , como puede leerse en la parte inferior izquierda de esta infografía: "Oxidizer (Nitrogen Tetroxide)".
La respuesta amarga es para avergonzar a cualquiera: Sutton, dormido en sus laureles del más leído de todos los tiempos, no quiso darse el trabajo de averiguar, pues los anglosajones prefieren usar el término tetraóxido de nitrógeno en vez de peróxido de nitrógeno, que es lo mismo (y es lo mismo que el peróxido de azote, término que usan los franceses). Y, para mayor vergüenza, otro detalle.

James Wyld, pionero de los motores de combustible líquido.
En su texto, dice que James Wyld preparó un esquema del motor de Paulet. Sí, sólo que Wyld lo presentó en 1947, en el mismo artículo en que escribió que Paulet empleó "peróxido de nitrógeno como oxidante" (Journal of the American Rocket Society 1947 , vol.00 no.70 (2-15)). ¿O sea que tampoco leyó bien el artículo de Wyld?

¿Cómo se explica la patinada? Una parte de la respuesta nos la da Frank Winter, otro experimentado historiador norteamericano, en este artículo titulado "Jimmy Wyld, el joven genio que puso en acción el negocio de los cohetes en Estados Unidos". Y la respuesta es... que Wyld dominaba el francés y el alemán. O sea, era alguien que no se quedaba con lo primero que otros escribían, sino que iba a la fuente directa. Vale decir que recogió información de Paulet en Alemania, donde autores de primera línea como Valier, Scherschevsky y Lademann, de lo mejor de la Sociedad para Vuelos Espaciales, se habían ocupado positivamente de él.

Nadie está obligado a saber otros idiomas pero existen los traductores profesionales. Resulta difícil creer que esos investigadores no dispongan de recursos para contratarlos o para buscar las fuentes directas. ¿Qué trabajo serio se puede hacer así?

Sutton comete otros errores que hubieran podido pasar desapercibidos de no ser por el anterior, que es grosero: dice que Paulet publicó su carta a El Comercio en 1920, pero fue en 1927; y que la prueba de su motor se produjo en Lima, pero fue en París, como lo dijo él mismo. En fin, vamos a soltar a Sutton un rato para ocuparnos del otro historiador "desprolijo".

John Drury Clark
John D. Clark (1907-1988), a diferencia de Sutton, era químico. Así, pudo reconocer, en su libro "Ignition! An Informal History of Liquid Rocket Propellants", que Paulet hablaba de tetraóxido de nitógeno y su experimento fue en París. Sin embargo, dice -con sorna nada disimulada- que no le cree a Paulet porque, de haber hecho funcionar su motor, se hubiera oído como si una batería de cañones hubiera detonado y, por lo tanto, cualquiera podría recordarlo pero el único que lo recordaba era el peruano.

El experto aeroespacial francés Jean-Jacques Serra, quien ha estudiado detenidamente el caso, reflexiona: "El argumento de Clark sobre el ruido emitido por el motor es ridículo. Paulet no hizo sus experimentos en su casa o en un jardín de París. Esos experimentos se realizaron en áreas técnicas ya ruidosas." Se refiere a los laboratorios del Instituto de Química Aplicada, en los Jardines de Luxemburgo, donde Paulet señaló que habían ocurrido sus experimentos.

John Drury Clark, su nombre completo, era, además, escritor de relatos del género fantástico y, luego de ser fan, fue uno de los escritores de la saga "Conan, el bárbaro" en los años 1930. Se ve que, en el caso de Paulet, prefirió utilizar la imaginación en vez del conocimiento riguroso, haciendo suposiciones que no correspondían a un historiador de su trayectoria. ¿O sería que su libro era literalmente una historia informal de la cohetería de combustible líquido?

Una barbaridad. No de Conan por cierto. Así que azotes para Sutton y para Clark. Azotes para los bárbaros.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

PEDRO PAULET EN FRANCÉS

El conocimiento del inglés y del francés nos ha ayudado en la investigación. Aunque reconocemos que, en el caso de Paulet, es necesario saber alemán también, lo que hemos venido resolviendo mediante traductores profesionales.
El año 2008, buscando en Internet, encontramos este foro de Google en francés en el que se debatía sobre Pedro Paulet. En el foro, del año 2006, un grupo de personas entendidas en viajes al espacio comentaba la ya célebre carta que Paulet dirigió al diario "El Comercio" en 1927.
Fue en ese foro que leímos que uno de los comentaristas preguntaba sorprendido si el poco conocido Paulet había inventado el motor-cohete PDE (Pulse Detonation Engine). Sin embargo, nuestro conocimiento sobre motores-cohete era incipiente y tendría que pasar algún tiempo para que entendiéramos a cabalidad de qué se trataba.
Konstantin Tsiolkovski
También ahí salió a relucir la referencia bibliográfica de la revista "Science et vie" (de agosto de 1931), en que el alemán Robert W.E. Lademann, miembro de la Sociedad para viajes al espacio de Alemania (VfR), calificaba a Paulet como el "tercer pionero moderno" de la astronáutica. Este autor, uno de los más cultos de ese grupo -dominaba varios idiomas, incluido el ruso, por lo que pudo cartearse con el pionero Konstantin Tsiolkovski-, se ocupó con amplitud de criterio del invento de Paulet en otros textos, que daremos a conocer oportunamente y que ofrecen ángulos sorprendentes.
Posteriormente, hicimos un viaje de investigación a París y ahí, en el Museo del Aire y del Espacio (Le Bourget), encontramos el texto completo de Lademann.
A nuestro regreso, conocimos al ingeniero Luis Rojas, otro conocedor del inglés y del francés, quien había establecido, por otra vía, que Paulet había anticipado los PDE y nos fue explicando de qué se trataba, entregándonos un texto de la NASA (curiosamente, también del 2006) en que se describía un motor-cohete similar al de Paulet, el que estaba siendo estudiado para los futuros viajes a Marte. Sobre esto, hay mucho por escribir aún. Paulet estaba demasiado adelantado.
Louis Damblanc
A la vuelta de los años, una re-lectura del foro en francés, nos reveló que uno de los participantes era Cyril Meynier, quien estaba empeñado en rescatar la memoria del francés Louis Damblanc como inventor de los cohetes por etapas e incluso creía que Paulet estaba en el top 10 de los científicos que hicieron posible los viajes al espacio pero que no era posible hallar información  sobre él en Francia. Nuestra búsqueda en París demostró que no era así (ya que conocíamos del tema, supimos buscar pero nuestra estancia quedó corta).
Otro participante era Jean-Jacques Serra, a quien, el año 2013, decidimos escribirle y, muy amablemente, nos contestó interesado en el tema. Para nuestra sorpresa, él había hecho, una vez más el 2006, una presentación sobre los inventores aeroespaciales en Francia en que estaba incluido Paulet pero, igual que Meynier, no prosiguió su pesquisa por falta de información.
Fue así que empezamos a intercambiar datos, reavivando su interés en investigar el tema, hallando en su país importante información que dará a conocer en febrero en la revista "Espace et temps", del Instituto de Estudios Históricos del Espacio de Francia. Estamos a la expectativa.

lunes, 26 de diciembre de 2016

EL JOVEN PAULET EN LA SORBONA


Doctor en Física Jean-Jacques Serra
El año acaba con una muy buena noticia. En febrero del 2017, aparecerá en la revista "Espace et Temps", del Instituto Francés de Historia del Espacio (IFHE), un documentado artículo sobre la invención del primer motor-cohete de combustible líquido de la historia, a cargo de nuestro compatriota Pedro Paulet, mientras estudiaba en el Instituto de Química Aplicada, de la Universidad de París (La Sorbona), a fines del siglo XIX. El autor del artículo es el Doctor en Física y experto aeroespacial Jean-Jacques Serra, quien lleva más de una década investigando el tema.
"Los estadounidenses prefieren creer que el inventor del motor-cohete líquido es Robert Goddard, pero ahora sabemos que esto no es cierto y que Paulet operó un motor líquido más de veinte años antes", explica el también ex directivo de la Dirección General de Armamento de Francia.
El ingeniero Rojas Reyes y el autor de la nota.
La publicación viene a complementar la investigación del ingeniero Luis Miguel Rojas Reyes, quien, por más de dos décadas, ha estudiado en profundidad la obra aeroespacial de Paulet.
Rojas presentó la ponencia "Paulet presente en el Perú Sat-1" el 16 de junio último durante la ceremonia por el 42° aniversario de la Agencia Espacial del Perú (CONIDA). En ella, demostró cómo, tal como lo había propuesto Paulet para los motores espaciales, el cohete Vega, que colocaría a nuestro satélite en el espacio, emplearía el peróxido de nitrógeno como oxidante, haciendo hincapié en que ya lo había utilizado el Módulo Lunar (LEM) americano en 1969 cuando el hombre pisó la Luna y lo utilizaría también la sonda Juno para llegar a Júpiter en julio de este año. Posteriormente, en la ceremonia de lanzamiento del Perú Sat-1, en setiembre pasado, el Jefe Institucional de Conida, MAG FAP Carlos Rodríguez Pajares, lo reiteró en su discurso, como puede apreciarse en el video (minutos 1:23:00-1:24:45).

El joven Luis Miguel Rojas Reyes
El ingeniero Rojas Reyes es un apasionado de los viajes espaciales desde su adolescencia cuando pudo ver la hazaña de los astronautas americanos en la Luna. Esa pasión lo llevó a estudiar astronomía y, siendo muy joven, a tomar parte de proyectos coheteros que la NASA desarrolló en nuestro país en los años 1970.
Sus investigaciones lo llevarían a especializarse en el conocimiento de los explosivos sólidos y líquidos, tal como hizo Paulet al emplear las panclastitas de Turpin (gasolina y peróxido de nitrógeno) como propelentes en su motor-cohete, siguiendo el consejo de su profesor Marcelin Berthelot, pionero de la termoquímica.
Rojas, además, desarrolla labor docente y ha formado a una nueva generación de ingenieros aeroespaciales que dará que hablar próximamente.
El ingeniero Luis Miguel Rojas Reyes y sus discípulos.


domingo, 25 de diciembre de 2016

BERTHELOT, INGENIERO MILITAR

Carátula de la revista Pro-Patria (Lima, diciembre de 1909)
Pedro Paulet reconocía a su profesor Marcelin Berthelot, el padre de la termoquímica y el segundo científico francés después de Pasteur, como la persona que lo condujo a adaptar las panclastitas de Turpin como los propelentes de su motor-cohete. En este breve pasaje de su biografía, a cargo de uno de sus descendientes, se narra cómo, empujado por el conflicto franco-prusiano, el sabio abrazó el estudio de los explosivos a la vez que la sociedad francesa abrazaba la ciencia como salvación ante la inminente invasión prusiana. Un ejemplo para Paulet, cuya infancia transcurrió en medio de la guerra con Chile y que oiría en la adolescencia el llamado de González Prada a apostar por la ciencia para salir del marasmo. A la vez, muestra el origen de las ideas del genio peruano a inicios del siglo XX de aplicar la aero-navegación a la defensa de la patria. Una pequeña clase de historia.
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"Desde 1866, el científico sueco Alfred Nobel (1833-1896) había preparado la dinamita tomando nitroglicerina, producto líquido inestable, y mezclándola con un producto inerte que le serviría de soporte. Se hace creer que dicho descubrimiento habría sido producto del azar: al romperse un frasco de nitroglicerina, el líquido fue absorbido por un polvo que estaba allí para protegerlo de cualquier tipo de golpes. Nobel tuvo la genialidad de comprender que había creado un explosivo poderoso y de fácil manipulación: la dinamita.
Tres años después, se desata la guerra. Alemania y Prusia conservaban el recuerdo punzante de la ocupación francesa realizada por los soldados de Napoleón 1ero. La idea de una revancha no se había extinguido. El conflicto debía renacer de un tema secundario: la candidatura del príncipe Hohenzollern-Sigmaringen al trono de España, suscitada por el canciller alemán Bismarck. Era una maniobra, un golpe montado con el propósito de reavivar las brasas entre Alemania y Francia.
Leopoldo de Hohenzollern-Sigmaringen
Como había sido previsto por Bismarck, Napoleón III va a declarar la guerra, pero él no estaba listo, enfermo y mal aconsejado. Subestimó las fuerzas prusianas que, victoria tras victoria, entrarían a Francia.
El momento es crítico para nuestros ejércitos. Napoleón III fue tomado prisionero el 2 de setiembre de 1870 en Sedan y firma la capitulación.
París se encuentra consternado por este desastre militar y dos días después, el 4 de setiembre, Léon Gambetta proclama la república desde la Municipalidad mientras la capital se encuentra amenazada por el avance inexorable de los prusianos. Edmond de Goncourt escribe en su Diario: "¡Viva la República! Bajo estas circunstancias, creo que solo la República podrá salvarnos.”
Sobre dicha angustia, Paul Painlevé escribe: "el gobierno del 4 de setiembre hace el llamado a un científico desconocido por el pueblo, pero célebre ante una élite, al creador y apóstol de la síntesis química, a Marcelin Berthelot" quien ahora es nombrado – in extremis –  presidente del comité científico para la defensa de París. El 10 de setiembre, Gustave Flaubert escribe a George Sand: "Los prusianos quieren destruir París, es su sueño. Nuestra única defensa es la química. Quién sabe, tal vez han descubierto nuevos métodos de defensa.” Y más tarde, Marcelin Berthelot recordará: "Cuando ocurrió la toma de París, última etapa de nuestras derrotas, nos volvimos hacia la ciencia, al igual que llamamos a un médico de cabecera para que atienda a un enfermo agonizante".
Es entonces cuando aparece el interés en la dinamita como arma de guerra: entre las aplicaciones de la termoquímica, los explosivos captarán especialmente toda la atención de Berthelot.
La República no puede impedir el sitio de París por parte de los prusianos. ¿Qué hacer en una ciudad totalmente despojada? Es ahí cuando la resistencia se organiza. Al comité científico de defensa de París se le otorgan amplias atribuciones frente a la falta de medios. Su presidente recibe instrucciones, intercambia informaciones y propone soluciones. "Un periodista declaró que él se multiplicaba y prodigaba sus consejos, los cuales siempre eran escuchados con deferencia y a veces puestos en obra".
El comité de defensa tendrá dos objetivos: ayudar a defender la capital y desarrollar todo tipo de medio de comunicación posible con la provincia, lo que a la vez será de interés táctico y moral.
Los globos aerostáticos transportan el correo e incluso personas; es así como Gambetta consigue llegar a Tours por los aires en octubre de 1870 para continuar la lucha. Más de sesenta globos aerostáticos serán soltados desde París. Se utilizan los servicios de un apasionado de la aerostación, Nadar, uno de los pioneros de la fotografía. Con regularidad, se envían reportes al gobierno firmados por los miembros del comité: Berthelot, Frémy, Breguet, d'Alméida, Jamin y Schutzemberger. Se analizan todas las posibilidades, desde palomas mensajeras hasta cómo incendiar el Sena con un derrame de petróleo... No se sabe qué más inventar ante la invasión y el asedio".
Daniel Langlois-Berthelot. "Marcelin Berthelot. Un savant engagé". 

miércoles, 21 de diciembre de 2016

PEDRO PAULET EN LA SONDA JUNO Y MÁS

El año que culmina la influencia de Pedro Paulet en la era espacial se puso de manifiesto una vez más por el uso de peróxido de nitrógeno tanto en la Sonda Juno, que entró en la órbita de Júpiter en julio, como en nuestro propio satélite, el Perú Sat-1, enviado al espacio a mediados de setiembre. Así se destaca en el siguiente artículo escrito por César Túpac Yupanqui y Álvaro Mejía, publicado, a inicios de setiembre último, por la revista cultural "Puente", editada por el Colegio de Ingenieros del Perú y que reproducimos aquí.
Infografía: Ingeniero Luis Miguel Rojas Reyes
Cuando en setiembre de 2016, el Perú ponga en órbita su primer satélite, el Perú Sat-1, fabricado en Francia, se cerrará el círculo. Será el ingreso del Perú al cosmos con los principios descubiertos por nuestro compatriota Pedro Paulet, quien inventó el motor-cohete espacial de combustible líquido a fines del siglo XIX con el sueño de ver al Perú en el espacio. Una historia que el cineasta Álvaro Mejía plasmará en el documental “El niño que soñaba con la Luna” tras varios años de investigación.
LOS PROYECTOS EXTRAORDINARIOS DE PEDRO PAULET
Cuando el 5 de julio último, la sonda Juno llegó a Júpiter, el mundo estalló en júbilo. Pocos repararon en que el Leros 1b, el motor principal de la nave que puso a la sonda en la órbita de ese planeta, usaba tetraóxido de nitrógeno, también conocido como peróxido de nitrógeno, el oxidante cuyo uso para naves espaciales fue descubierto por el ingeniero químico peruano Pedro Paulet, hecho que, entre otros, lo coloca entre los pioneros de la era espacial.
A falta de una partida de nacimiento, una partida de bautizo indica que Pedro Eleodoro Paulet Mostajo nació en Arequipa el 2 de julio de 1874. Poco después de la guerra franco-prusiana, poco antes de la guerra con Chile. Su mentor, el sacerdote francés Hipolyte Duhamel, vio en la pérdida de Tacna y Arica una réplica de la pérdida de Alsacia y Lorena. Fundó entonces una escuela, San Vicente de Paul, para contribuir a la reconstrucción moral y material de Perú, donde inculcaba el amor a Dios y a la Patria, a la que había que defender contra todo y con todas las fuerzas. Así se forjó un patriota.
Años antes de llegar al Perú, Duhamel había sido torturado como misionero en China. Esa experiencia le dejó una gran cicatriz en el cuello que sobresalía de su ropa y de la que no quería hablar. Según el destacado político y literato Francisco Mostajo, su primo hermano Pedro Paulet se convirtió en el estudiante preferido del severísimo cura y trasgredía su rigurosa disciplina con su inteligencia de genio, su travesura sana y su curiosidad, encabezando expediciones de investigación, como las visitas al ferrocarril para observar sus máquinas a vapor.
Una versión dice que Paulet nació en Tiabaya, en la sierra de Arequipa. Otra versión dice que nació en el distrito costero de Islay y que, tras la muerte de su padre cuando él tenía tres años de edad, su mamá, Antonina Mostajo, lo llevó a Tiabaya, en busca de la protección de sus parientes. Así, el niño creció próximo al hogar de su tío, el líder sindical Santiago Mostajo, y junto a su primo hermano, el célebre Francisco Mostajo, quien aportará tiempo después los testimonios biográficos de su primera infancia.
La influencia de Duhamel y la de los Mostajo harán que Paulet desarrolle un carácter de acero. Siendo adolescente, integró la radical Sociedad Patriótica, que buscaba recuperar Tacna y Arica, liderada por Francisco Gómez de la Torre, seguidor del pensador anarquista Manuel González Prada. Desde entonces, no dejaría de pensar en convertir al Perú en una potencia, como lo demuestran sus múltiples proyectos. Como su invento del motor-cohete espacial de combustible líquido.
Siendo un púber, Paulet experimentaba lanzando cohetes de carrizo. Estaban en auge los Viajes Extraordinarios, la colección de novelas de Julio Verne, en la que destacaba con nitidez De la Tierra a la Luna (1865), que los más encumbrados pioneros aeroespaciales reconocerían como su primera influencia. En el libro, un cañón gigante y una bala gigante servían para llevar a tres hombres a la Luna. Aunque muchos cálculos de Verne fueron acertados cuando el hombre pisó la Luna en 1969, la verdad es que los astronautas morirían achicharrados en una bala de cañón apenas producido el disparo. Buscando una alternativa realista para la propulsión, Pedro Paulet, con veinte años de edad, recién llegado al Instituto de Química Aplicada de la Universidad de París (La Sorbona), empezó a experimentar y acabó inventando el primer motor-cohete espacial de combustible líquido de la historia. “El dispositivo de Paulet parece haber sido el ejemplo más temprano del así llamado motor cohete bipropelente, en el cual el oxidante y el combustible de hidrocarburo están en tanques separados y se mezclan solamente en la cámara de combustión. Su uso del peróxido de nitrógeno como oxidante también presagió ciertos propulsores modernos tales como ácido nítrico, y la disposición de su banco de prueba era absolutamente similar a los tipos usados en años posteriores”, escribió el científico norteamericano James Wyld en Journal of the American Rocket Society, en 1947.

EL MOTOR-COHETE
Aconsejado por su profesor, el renombrado científico Marcelin Berthelot, Paulet adaptó como propelentes un explosivo creado por el francés Eugene Turpin. Compuestas de gasolina como combustible y de peróxido de nitrógeno como oxidante, las panclastitas (del griego pan = todo y clast = romper, o sea que rompía todo) se usaban en la guerra o en la minería. Paulet direccionó esa fuerza, que explosionaba en todas las direcciones, en una única dirección vía el motor que construyó y para el que inventó un mecanismo de alimentación de 300 explosiones por minuto, que hoy la NASA anuncia en su sitio web como el ideal para viajar a Marte.
En la carrera espacial, iniciada en 1957 con el lanzamiento del satélite artificial Sputnik, tanto americanos como rusos usarían oxígeno líquido y gasolina, que ofrecían mayor empuje que cualquier otro combustible líquido, para impulsar sus icónicos lanzadores como el Saturno V o el Atlas, pero requerían una logística complicada, poco flexible si había cambios repentinos en una misión. Sin embargo, los propelentes propuestos por Paulet permitían un manejo relativamente sencillo; su almacenaje también lo era y se adaptaría a cualquier cambio en una misión.
La gasolina y el peróxido de nitrógeno lograron que las misiones Gemini tuvieran los más exitosos lanzamientos. Sin embargo, el paso gigante de la humanidad se dio cuando el hombre pisó la Luna. El vehículo que hizo posible el alunizaje, el modulo lunar (Lunar Module o LEM), empleaba los propelentes propuestos por Paulet.
Años más tarde, el transbordador espacial también los usaría para desplazarse a órbita baja. En la actualidad, muchos lanzadores los usan para colocar satélites en órbita, como el cohete Vega, que colocará al Perú Sat-1, el primer satélite peruano, en el espacio. Y, como ya dijimos, los empleó la sonda Juno para alcanzar Júpiter.

SABIO MULTIDISCIPLINARIO
Paulet, sin embargo, era más que un apasionado por los viajes al espacio. Su verdadero sueño era hacer del Perú una potencia. Como católico, era heredero de la encíclica Rerum Novarum (1891), del Papa León XIII, que fustigaba tanto la explotación capitalista como el ateísmo comunista, siendo el creador de lo que se conoce como Tercera Vía. Como intelectual, era heredero del pensamiento de González Prada, quien creía que la ciencia nos sacaría de la pobreza en que nos dejó la guerra.
Siendo estudiante en Francia, a donde llegó gracias a una beca otorgada por el gobierno del General Remigio Morales Bermúdez, era también un consultor sobre diversos asuntos del Estado Peruano. Más cuando su amigo Eduardo López de Romaña se convirtió en 1899 en el primer ingeniero electo Presidente del Perú. En 1901, lo nombró, tras graduarse como ingeniero químico, cónsul en la Embajada del Perú en París.
En 1902, siendo cónsul en Amberes, Paulet firmaría el plano exterior del Avión Torpedo, el primer avión-cohete de la historia, antecedente lejano de los jets que romperían la barrera del sonido recién en 1947. Era un avión de forma ovoide (la ideal para proteger a los pilotos de las inclemencias atmosféricas) que tenía un ala delta pivotante: con la punta hacia arriba permitiría el despegue y el descenso vertical; al pivotar, facilitaría el desplazamiento horizontal o diagonal.
En 1904, el Presidente José Pardo lo nombró Director de la Escuela de Artes y Oficios (hoy Instituto Superior Tecnológico Público José Pardo), dependiente del Ministerio de Fomento. Paulet llegó en 1905 con los profesores europeos que había contratado para la escuela, donde formarían a los técnicos que requerían los ingenieros nacionales para industrializar el Perú. En varias publicaciones, en la primera década del siglo XX, Paulet abogaba por la creación de industrias, así como por impulsar el comercio internacional, para convertir al Perú en una potencia. Con ese fin, propuso construir una Carretera Interoceánica con Brasil o crear la Compañía Peruana de Vapores y fue el primer constructor de casas para obreros durante el gobierno municipal de Guillermo Billinghurst, además de proponer la sinergia entre el desarrollo tecnológico y la industria militar que, a la larga, beneficiaria a la población civil.
No obstante, eso exigía una condición previa. Paulet propuso al Ministerio de Fomento el cambio de la educación técnica francesa por la alemana. Estaba pisando terreno movedizo. En el Perú, desde 1896, una misión militar francesa se ocupaba de profesionalizar nuestra milicia. Así como una misión militar alemana acantonaba en Chile.
Aparentemente, una disputa con el aviador Carlos Tenaud, nacido en Francia, inventor de un aeroplano que adoptó el gobierno de José Pardo y que dio apenas unos saltitos, pondría a Paulet en mal pie. Tenaud era hijo de una de las familias más ricas del Perú y pariente político del Barón Coronel Félix D’André, director de la Escuela Militar de Chorrillos, miembro prominente de la misión militar francesa, casado con una prima suya. Mientras Paulet empezaba a sufrir presiones de sus superiores, como lo sugiere el discurso del Senador Joaquín Capelo en defensa de la Escuela de Artes y Oficios, D’André era considerado por el diario La Prensa como el único experto en la novedosa aeronáutica. Un día después de la nota periodística, Tenaud era becado para estudiar en el Aeroclub de Francia por el gobierno de Leguía y regresar como profesor de aeronáutica en la Escuela de Artes y Oficios. Paulet, sin amilanarse, propuso aprovechar la hazaña de Jorge Chávez para fundar una industria aeronáutica nacional. D’André proponía importar aeroplanos de Francia y aplicarles su invento, la Metralleta Aviatriz, para enfrentar a nuestros posibles rivales. En 1911, Paulet renunció al Estado y se fue a vivir a Europa. La vida le daría una segunda oportunidad a su invento.
Una década después, casado con la dama belga Louise Wilquet y con cinco hijos, Leguía, en su segundo mandato, lo reincorporó al servicio diplomático como Cónsul en Dresde, Alemania. Tras la Primera Guerra Mundial, el Tratado de Versalles prohibió a Alemania fabricar armas pero olvidaron los cohetes, tecnología que se consideraba obsoleta. Esa omisión permitiría el avance de la investigación en cohetería alemana. En 1923, Hermann Oberth, uno de los precursores de la astronáutica, publicaba “Los cohetes hacia el espacio interplanetario”, libro que demostraba que los viajes por el espacio serían posibles con motores-cohete de combustible líquido.
En julio de 1927, tras el cruce del Atlántico por Lindbergh, un grupo de apasionados se juntaron alrededor de Oberth y fundaron la Verein für Raumschiffahrt (Sociedad para los Vuelos Espaciales) o simplemente VfR, con la finalidad de hacer realidad esos motores-cohete. Tres meses después, desde su puesto consular en Rötterdam, Paulet publicó una carta en El Comercio, dando detalles de su invento de tres décadas atrás. Luego tradujo la carta y la envió al grupo alemán.
La reacción fue casi inmediata. En marzo de 1928, Max Valier, otro líder de la VfR, publicó en el boletín de la sociedad que Paulet había inventado un motor de asombrosa potencia. Valier y el fabricante de autos Opel organizaron, el 23 de mayo de ese año, el Opel Rak II, evento multitudinario en que aplicaban cohetes de pólvora a automóviles de carrera. Está registrado que un día después, el 24 de mayo, Paulet estuvo en las galas del Centenario de la Sociedad Geográfica de Berlín y, en su informe del evento, pide fomentar la inmigración de científicos alemanes al Perú. De esa sociedad, emergería la figura de Wernher von Braun, quien pondría al hombre en la Luna para la NASA en 1969.

EL MEGAPROYECTO
A partir de 1928, mientras libros y revistas alemanes, franceses, norteamericanos y soviéticos lo reconocían como pionero aeroespacial, Paulet ampliaba su radio de acción, proponiendo un megaproyecto urbanístico que convertiría al Perú en un país de ciencia ficción. Se trataba del proyecto de embellecimiento del Rímac, el primer antecedente del cancelado proyecto Río Verde.
Este proyecto se constituía de tres partes. Primero, represar el rio Rímac para hacer una laguna para hidroaviones en medio de un fastuoso centro de esparcimiento mientras se construía sobre el cerro San Cristóbal una portentosa Basílica a Santa Rosa de Lima. Este monumento, el más grande del mundo, sería el núcleo del que partiría la carretera interoceánica con Brasil y un tren, la Gran Diagonal Sudamericana, que iría desde el Callao hasta el puerto de Buenos Aires. Ambas vías buscaban que el Perú pudiera comerciar por dos océanos. A lo largo de ellas, se construirían rascacielos que permitirían albergar a 5,000 colonos europeos cada uno y que se levantarían cada diez mil kilómetros.
Como complemento, Paulet publicó su libro “El Japón Moderno y sus bases económicas” (1935), un completo informe de casi 500 páginas sobre cómo ese país llegó a ser una potencia y que Paulet, desde su puesto consular en Yokohama, ponía como ejemplo de desarrollo para el Perú. El libro pronosticaba la intensa actividad comercial en la Cuenca del Pacífico.
En 1939, con el ascenso de Prado Ugarteche a la presidencia de la República y su promesa de construir la siderúrgica de Chimbote, Paulet escribió con entusiasmo que era la ocasión para atraer a los industriales europeos que huían de la Segunda Guerra Mundial. Y proponía una sociedad económica con Argentina, que era el mayor exportador de materias primas a Japón en el continente. En 1941, Paulet fue designado Consejero Comercial de la Embajada del Perú en Buenos Aires. Parecía la ocasión ideal para cumplir sus sueños.
Aunque la siderúrgica no prosperó en ese momento, en 1944, tras el ascenso de Perón a la vicepresidencia argentina, Paulet dio una entrevista al popularísimo diario bonaerense “Crítica”, en la que propuso una industria aeronáutica sudamericana. La vida no le alcanzó y murió en 1945. Cuando Perón llegó a la presidencia en 1946, Argentina fue uno de los primeros países en el mundo en fabricar jets. Décadas después, el proyecto aeroespacial argentino utilizaría un derivado del peróxido de nitrógeno.
Paulet había previsto la Unión Sudamericana mediante el control del carbón y el acero. En 1950, Europa dio el primer paso a su integración creando la Comunidad Europea del Carbón y del Acero.
Los proyectos extraordinarios de Paulet eran muy adelantados y, por eso, incomprendidos. En 1981, con justicia, el historiador Jorge Basadre anticipó en su libro “Peruanos del siglo XX”: "Cuando se escriba la historia de las ciencias en el Perú a fines del siglo XIX y comienzos del XX, habrá que dedicar suma atención al ingeniero arequipeño Pedro E. Paulet”. Estamos en esa tarea.

martes, 13 de septiembre de 2016

El Perú Sat-1 y el extraordinario Paulet en la revista Puente

Ha aparecido el número 42 de la prestigiosa revista "Puente", editada por el Colegio de Ingenieros del Perú, que trae, entre otros textos, el artículo "Los Proyectos Extraordinarios de Pedro Paulet" y que comienza así: "Cuando el 5 de julio último, la sonda Juno llegó a Júpiter, el mundo estalló en júbilo. Pocos repararon en que el Leros 1b, el motor principal de la nave que puso a la sonda en la órbita de ese planeta, usaba tetraóxido de nitrógeno, también conocido como peróxido de nitrógeno, el oxidante cuyo uso para naves espaciales fue descubierto por el ingeniero químico peruano Pedro Paulet, hecho que, entre otros, lo coloca entre los pioneros de la era espacial".

A continuación, transcribimos la nota de prensa elaborada por los editores de la revista.

PUENTE, Sociedad y Cultura

Puente, la revista del Colegio de Ingenieros del Perú, nos ofrece en su número 42, una variedad de artículos de ingeniería, literatura, fotografía, pintura y humor, magníficos.  Esta vez debutan César Túpac Yupanqui y Álvaro Mejía con un apasionante reconocimiento al arequipeño Pedro Paulet, ingeniero químico que descubrió el uso del peróxido de nitrógeno para naves espaciales.  Hoy, en plena era espacial, la importancia de su descubrimiento, es absoluta.  Héctor Gallegos nos presenta las indiscutibles ventajas del concreto pretensado para los durmientes de las vías férreas; en vista de los anuncios de trenes de cercanías y de subterráneos sería magnífico que las autoridades tomaran en cuenta su propuesta, validada por los más de cuatro millones de este tipo de durmientes en el mundo entero.  Arturo Rocha Felices nos advierte, como otras veces, que la ingeniería debe lograr que «este mundo terriblemente dinámico sea habitable» para lo cual es preciso tomar en cuenta los fenómenos climáticos y aprender de aquellos ocurridos en el pasado vinculados a la abundancia y escasez de agua.  El escritor Nilo Espinoza nos deleita con la riqueza de esos «vagabundeos» en bicicleta que encendieron la chispa divina entre inventores y artistas.   La entrevista de Rafo León nos permite acercarnos al temperamento y espíritu que laten en este incansable viajero no solo de espacios físicos sino también metafísicos.  Conocer al pionero peruano de la navegación fluvial Benigno Samanez Ocampo de la mano de Zein Zorrilla es vivir minuto a minuto la emoción de su aventura de 500 días, acompañado de su hijo David y de 20 peones, entre barrancos, cascadas, bosques, fiebres, bandadas de murciélagos, cuestas y pendientes medidas paso a paso, hasta alcanzar, por fin, su destino en el caudaloso Mantaro.  Max Castillo Rodríguez nos entrega una semblanza de nuestro famoso tradicionalista Ricardo Palma.  Conoceremos mejor sus contradicciones y las pasiones que desató por su cerrada defensa del famoso «Califa» Nicolás de Piérola.  Conocer la pintura de Fortunato Depero a través de la mirada de Jorge Bernuy es sumamente enriquecedor, nos permite apreciar el universo artístico que rodeaba a este artista a principios del siglo XX, y aproximarnos al Futurismo, aquella corriente que busca integrarse «a la vida cotidiana y reconstruir el universo» al ritmo y velocidad del tiempo marcado por el automóvil y el aeroplano.  Guillermo Niño de Guzmán nos introduce en el mundo de sillar de Denis Maygua Coaquira, fotógrafo que no ha vacilado en acompañar el duro trabajo de los canteros que aún hoy extraen el sillar en peligrosas condiciones, sus imágenes no nos dejar lugar a dudas.  Por último el humor, siempre el humor para relativizar los desafíos de la vida mediante las excelentes creaciones de Luis Freire Sarria y de Carlín.

Es necesario felicitar una vez más al Colegio de Ingenieros del Perú por esta excelente revista que tiene ya diez años de vida y que cumple a cabalidad los objetivos que se planteó desde el primer día: “ Establecer un diálogo fluido entre la ingeniería y la sociedad”. 

sábado, 12 de diciembre de 2015

FRANCIA, LAS MEZQUITAS Y EL ISLAM

El año pasado, un amigo nos alertó sobre la existencia del artículo "Francia y el Islam", firmado por Pedro Paulet en 1916. El atentado contra la revista Charlie Hebdo, ocurrido apenas unos meses después, nos llevó a una pesquisa para situar el escrito en su contexto. Los atentados en París del mes pasado nos empujaron a escribir casi de inmediato el texto que sigue y que despertó el interés de un diario de circulación nacional. Ya que no alcanzó a ver la luz y por  creer que contiene algunos temas de actualidad, lo publicamos aquí con ligeras modificaciones.

Tras los atentados del 13 de noviembre en París, el presidente François Hollande ha declarado que Francia está en guerra contra el Estado Islámico. Para los especialistas, una guerra que viene incubándose de muy antiguo. En todo caso, desde hace tiempo, Francia ha tenido una actitud que oscila entre el rechazo hacia las poblaciones musulmanas -árabes y africanas- y el paternalismo hacia ellas.

Se dice que durante siglos los franceses proclamaron que, gracias a ellos, el Islam no había penetrado en Europa y, refiriéndose a España, que había debido resistir la invasión mora en el medioevo, acuñaron una frase despectiva: “África comienza al sur de los Pirineos”.

“[Y] aquí nos hemos pasado los años procurando borrarla y citándolo como un bochorno”, retrucaba Miguel de Unamuno, en un escrito que, yendo a contracorriente, buscaba evidenciar las tensiones de la genuina cultura española con el afrancesamiento y, por el contrario, sus afinidades con lo africano.

En Sobre la independencia patria, aparecido en 1908, en el centenario del levantamiento de los españoles contra el ejército de Napoleón, Unamuno reivindicaba “el alma africana –y a mucha honra- de nuestro pueblo”.

FRANCIA Y EL LAICISMO

Cuando en 1905, Francia aprobó la Ley de Separación de la Iglesia y el Estado, que declaraba “La República no reconoce, no paga, ni subsidia religión alguna”, nadie podía imaginar que, en la Primera Guerra Mundial, Francia financiaría la construcción de mezquitas en tierras sagradas musulmanas e incluso en París, en retribución a la fiereza con que tropas de sus ex colonias peleaban bajo bandera francesa.

Algunos analistas cuestionaron el doble discurso galo. Por ejemplo, en 1916, el especialista en relaciones internacionales y geopolítica peruano Pedro Paulet casi profetizó, no exento de ironía, que, con tales acciones, Francia buscaba ser una “potencia musulmana”. Su artículo Francia y el Islam apareció en una revista de nombre significativo, África Española. Revista de colonización, órgano de la Liga Africanista Española, creada en 1913 por el Senado ibérico para defender sus intereses comerciales e industriales en Marruecos.

Desde su perspectiva de hombre católico y conservador, Paulet deploraba que Francia, “República tan atea, tan irreligiosa que celebra, el «haber apagado las luminarias del cielo» y que no ha titubeado en romper todo trato con el Vaticano y en confiscar templos y conventos a los católicos nacionales, pues tratándose de los islamitas, lleva sus complacencias hasta en plena guerra, a construirles una mezquita en el centro de París”.

Paulet no pasó por alto la gratitud de las poblaciones musulmanas hacia Francia, manifiesta en “declaraciones como la hecha últimamente por el delegado indígena del Sur de la Regencia. «No deploramos, ha dicho, nuestros muertos en esta guerra, porque hay gloria y honor al morir por Francia. Todo lo que hemos hecho por Francia es poca cosa en comparación de lo que ésta ha hecho por nosotros.»”

LAS MEZQUITAS

La fe religiosa ha sido instrumentalizada con fines políticos tantas veces. Al poeta y político nacionalista turco Ziya Gökalp (1875-1924), se le atribuyen los versos «Las mezquitas son nuestros cuarteles, las cúpulas nuestros cascos, los minaretes nuestras bayonetas y los creyentes nuestros soldados». Al actual presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, quien inició su carrera política esgrimiendo esos versos, se le cuestionaba, cuando fue Primer Ministro, haber construido sinnúmero de mezquitas para islamizar su país pero ninguna escuela.

Todo ello ha servido de abono al prejuicio contra el Islam, una fe religiosa que no es violentista en su origen. Por nuestro lado, contrarios a toda clase de prejuicio, reverenciamos el utópico deseo de Unamuno: “Día llegará –tengo en ello fe y esperanza- en que repitamos con orgullo esa frase y digamos a nuestra vez mirando allende nuestros linderos: «Europa empieza en los Pirineos»”.