El 2012 acaba con buenas noticias. De un lado, tenemos el anuncio del Primer Ministro de incrementar el 2013 el presupuesto para la innovación, la ciencia y la tecnología, a fin de convertirnos en un país exportador no sólo de materias primas. En el mismo sentido, el Ministro de Defensa ha anunciado el inicio de una industria militar peruana (manifestando la necesidad de que el país cuente con un satélite propio) y ha hecho un llamado a la empresa privada para que se una a esta causa.
Todo ello, nos conduce nuevamente hacia el pensamiento visionario de Pedro Paulet, quien, desde los albores del siglo XX, ya había expresado la imperiosa necesidad de potenciar la economía peruana por medio de la industrialización, dentro de la cual estaba incluida una industria militar nacional, como medio para hacer de la nuestra una nación próspera y moderna.
Por eso, desde aquí, solicitamos al Estado Peruano que declare el 2014 como el “Año del 140° aniversario del natalicio del sabio Pedro Paulet Mostajo”. Lo hacemos convencidos de que Paulet, sabio multidisciplinario, es el emblema del desarrollo financiero, industrial, educativo y de defensa de la soberanía peruana.
Hay que recordar que fue el Presidente Manuel Pardo (1834-1878) uno de los primeros en alzar su voz en pro de la industrialización del país. Lamentablemente, la trágica muerte de Pardo y la Guerra con Chile frustraron ese ambicioso proyecto. Recogió la bandera su hijo, José Pardo, al ceñirse la banda presidencial en 1904. Y fue este último quien designó a Paulet como director de la Escuela de Artes y Oficios (hoy Politécnico José Pardo).
“Justamente porque la Escuela de Artes y Oficios forma al técnico, es decir, al intermediario entre el obrero y el ingeniero, es que es simpática esa escuela; justamente porque desempeña ese papel cuenta con las simpatías del Perú entero”, decía el sabio Joaquín Capelo en 1910 en un discurso ante la cámara de Senadores, encomiando la labor de Paulet.
Lamentablemente, el Ministerio de Fomento del primer gobierno de Leguía (*) trabó la labor de éste. ¿Por qué? Una explicación breve la encontramos en el mismo discurso de Capelo al defender a la Escuela de Artes y Oficios de ese acoso: “…parece que no se acepta con gusto por ciertos espíritus que entre el ingeniero y el obrero exista el técnico, de manera que o se obliga al técnico a ser ingeniero o se le obliga a ser obrero, pero no se acepta que sea técnico. Esto de saber hacer una cosa sin llevar el título de ingeniero, es cosa que no se quiere admitir; se prefiere que se lleve el título, aunque no se sepa hacer nada…”.
Que no nos vuelva a ocurrir esto y que, por el contrario, la inversión en ciencia y tecnología ofrecida por el actual gobierno empiece por beneficiar a una gran cantidad de peruanos que sepan “hacer” cosas. Como dice el físico nuclear Rolando Páucar: “Quienes hablan de innovación y competitividad para generar valor agregado a nuestros productos de exportación, deben ser consecuentes e interpretar la brújula. El norte en la formación de profesionales que necesita nuestro país apunta a que en el mediano y largo plazos las carreras técnicas serán las más requeridas”.
Será necesario entonces volver a potenciar el Politécnico José Pardo y otras escuelas afines. Pero el paso previo es rescatar del olvido la figura inmensa de Pedro Paulet. Pues, como decía el científico argentino José Álvarez López, al triunfar la Revolución Rusa en 1917, los jerarcas soviéticos “queriendo impulsar a su juventud al logro de nuevos hechos tecnológicos, revisaron su pasado tratando de descubrir intelectuales, científicos, inventores y formaron con ellos una lista que difiere de las que circulan en Occidente para gloria y pres de sus heroicos antepasados.”. Fue éste el punto de partida para el gran salto tecnológico que alcanzaron y cuya cúspide fue el lanzamiento del Sputnik, con el que asombraron al mundo cuarenta años después.
Y si hoy en día la NASA augura que los motores más potentes para los futuros viajes al espacio serán aquellos que siguen los principios descubiertos por el peruano, hablar de Pedro Paulet no es hablar del pasado, sino del futuro. El futuro brillante que nos espera.
(*) Era Ministro de Fomento el corrupto Julio Ego-Aguirre, abogado del empresario cauchero Julio Arana en los llamados Escándalos del Putumayo. Arana le había pagado los estudios de Derecho y luego financiaría su campaña para ser Senador por Loreto. Arana es uno de los personajes de El sueño del Celta, novela de Mario Vargas Llosa.
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