viernes, 23 de noviembre de 2007

Max T. Vargas y Emilio Díaz, fundadores de la fotografía del sur andino

"Soy felizmente amigo de Max Vargas y a esa sola circunstancia debo el saber algo de él y poder estamparlo aquí", escribía Pedro Paulet sobre el fotógrafo arequipeño en 1910.

La referencia viene a propósito de que el martes 27 de noviembre se presentará el libro Max T. Vargas y Emilio Díaz (1896-1926): Dos figuras fundacionales de la Fotografía del Sur Andino, cuyos autores son Andrés Garay y Jorge Villacorta.

Vargas y Díaz fueron los fotógrafos más solicitados de las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX en Arequipa. Además, Vargas cuenta entre sus méritos haber sido el maestro del célebre Martín Chambi, quien afirmaba que su arte era de raíz arequipeña. El cusqueño aparece retratado por él en esta fotografía que hemos tomado del artículo Chambi Íntimo, de la revista Caretas. También fueron sus discípulos los no menos destacados Hermanos Vargas, que no fueron precisamente sus parientes.

Junto a Max T. Vargas y Emilio Díaz, Paulet fue uno de los principales animadores del Centro Artístico fundado en Arequipa en 1890 y en donde se cultivaba la pintura, la escultura y la fotografía. En 1894, Paulet partiría para Francia, a estudiar Ingeniería y Arquitectura, mientras que ellos abrirían sus estudios de fotógrafos profesionales en 1896. ¿Quizá de haberse quedado Paulet hubiera sido competidor de ellos dos?

Díaz estudió en la misma escuela que Paulet, la del Padre Duhamel. Sin embargo, quizá por su carácter retraído, no tuvo el mismo grado de amistad que Vargas sí tuvo con el sabio. Como sea, Díaz se asumía más como un artista, mientras que Vargas era consciente de que lo suyo era un negocio.

"Todo se industrializa en el siglo XX, hasta la ciencia, el arte y la poesía; a todo se le aplica una técnica, desde el momento que todo no se comprende sino como una forma de actividad más o menos fructífera", se leía en Ilustración Peruana, la revista que dirigía Paulet y quizá ese pensamiento, propio del Perú pujante de inicios del XX, fue uno de los que lo hermanaba con Vargas.

En todo caso, Paulet mostraba así la admiración por el ascenso profesional de su amigo: "Vargas, como todo técnico y como todo artista verdadero es tenaz y, a pesar de mil dificultades, y, saben los dioses con cuántos sacrificios logró en 1903 realizar uno de sus primeros deseos, instalarse con decencia. Fue así como se vio, no sin susto de parte de los burgueses y compasión por la de los amigos, abrirse en pleno centro de la ciudad, con amplitud de lujo, un espléndido Studio fotográfico, el más grande entonces del Perú, el más artístico aún hoy día".

Díaz y Paulet siguieron relacionados, sin embargo, aunque sea de manera indirecta. En 1900, el fotógrafo obtuvo una medalla de bronce en la Exposición Universal de París. Paulet había diseñado y construido el Pabellón peruano. Al final del evento, el gobierno francés lo condecoró por su labor.

Al margen de lo anterior, si pensamos en que Paulet estuvo en París cuando los Hermanos Lumière estrenaron el Cinematógrafo, resultan provocativas estas líneas: "la fotografía se ha vulgarizado casi como la escritura, ha superado al sonido en velocidad de percepción, al ojo humano en la profundidad de vista y a todos los sentidos en la amplitud. La "cámara" es no sólo la mejor reproductora de documentos; es universal, internacional, ubicua e infatigable; es ciencia, es industria y oficio... ¿pero es en realidad Arte?"

Un dato más que interesante es que uno de los siete hijos de Max T., Alberto Vargas, se hizo mundialmente famoso al crear las glamorosas Varga's Girls, ilustraciones que quedaron marcadas en el imaginario de muchos durante la Segunda Guerra Mundial desde las páginas de las revistas Squire y Playboy.

Pueden encontrar una historia de la gestación del libro en La bella época arequipeña.