domingo, 19 de agosto de 2007

Pedro Paulet, genio y visionario

1874. El mundo está viviendo el auge de la Revolución Industrial. Julio Verne es el cantor de los asombrosos avances de la ciencia y la tecnología del momento, pero también el visionario que anticipa los que están por venir. En Sudamérica, falta apenas un lustro para que Chile les declare la guerra a Bolivia y el Perú por la posesión del guano y el salitre del Pacífico Sur.

El 2 de julio de 1874 nace quizá el peruano más universal y también uno de los más postergados por la Historia, Pedro Eleodoro Paulet Mostajo. Muchos peruanos piensan que Paulet fue militar. Su nombre les trae a la memoria el spot publicitario de una academia de preparación para el ingreso a institutos castrenses (el uniforme que lleva en esta fotografía parecería confirmarlo, pero es el traje de gala del servicio diplomático peruano, al que ingresó en 1900). Sólo unos pocos saben que se trata del padre de la era espacial, cuyas investigaciones en este campo habrían sido empleadas en la construcción del Apolo XI, que permitió la llegada del hombre a la Luna. No en vano el primer cohete sonda fabricado íntegramente en el país se llama Paulet I.

Esas dos imágenes no son incompatibles, sin embargo. Es sabido que Wernher von Braun, el ingeniero alemán que construyó el Apolo XI, fabricó primero misiles de guerra para el régimen nazi. Y Paulet, como Leonardo Da Vinci, desarrolló variadas facetas desde el arte hasta la ciencia. Una de ellas, al igual que el genio italiano, fue la ingeniería militar. No parece casual entonces que haya bautizado la nave espacial que diseñó como Avión Torpedo, para darle, años después, el nombre de Autobólido.

No obstante, Paulet era un hombre de paz. Parece una contradicción pero no. Su primera infancia había transcurrido en medio de aquella infausta guerra con Chile, herida abierta en la memoria de los peruanos a más de cien años de ocurrida. Por eso su objetivo era el respeto a la soberanía nacional. A inicios del siglo XX, ofreció al Perú el Avión Torpedo y, ante problemas limítrofes con Chile y Ecuador -por entonces se establecieron definitivamente las fronteras con Brasil y Bolivia-, se enfrascó en la construcción de un submarino, con la idea de fortalecer militarmente al país con fines disuasivos.

Pero el poder visionario de Paulet no se reduce a la ingeniería militar ni a los vuelos espaciales. Después de seguir estudios de Arquitectura, Ingeniería, Química y Arte en Francia, Paulet fue encargado de refundar la Escuela de Artes y Oficios, encargada de la educación técnica en el Perú. Como arquitecto, fue el primero en diseñar casas para los obreros, lo que dice de su espíritu solidario. Y su interés en el desarrollo del país, lo llevó a proponer en 1903 industrializar recursos naturales como la hoja de coca, debate que tiene hoy plena vigencia. Además, fue pionero en proponer la tesis de las 300 Millas de Mar Territorial (adelantándose a la Tesis de las 200 Millas de Bustamante y Rivero). Su vigencia alcanza incluso al tema de la extradición de Alberto Fujimori al Perú, pues las fichas para registrar a los inmigrantes japoneses, que diseñó cuando fue cónsul en el puerto de Yokohama, permitieron establecer que el ex Presidente no nació en Japón. Estamos, como ya se ve, ante la figura de un estadista con amplia visión de futuro.

La vuelta al mundo de Pedro Paulet no pretende agotar toda la vida y obra del genio. Ésa es una tarea ambiciosa y nuestra investigación está en trance, pero por completarse con el aporte de los lectores. Para eso nace este espacio. Y para que el legado de Paulet no siga en el olvido. Si es una costumbre que los peruanos desconozcamos nuestra Historia y a nuestros personajes más valiosos, nosotros trataremos de romper con esa cadena.