viernes, 5 de octubre de 2007

EL HOMBRE QUE INVENTÓ EL FUTURO

En el espíritu de Paulet bullían como una sola las inquietudes por la ciencia y por el arte. Varios autores han señalado que fue uno de los fundadores del Centro Artístico en 1890, el que suplió la falta de una Escuela de Bellas Artes en Arequipa.
Ahí se enseñaba principalmente pintura, escultura y fotografía. El adolescente Paulet fue un pintor y escultor premiado, la fotografía no le era ajena y hay quién señala que fue poeta y que llegó a ser amigo de Rubén Darío.


Su primer amor fue el arte y hacia él parecía encaminarse antes que a la ciencia. Así lo señala su primo, el tribuno Francisco Mostajo. "Desde cuando pudo manejar un lápiz, una pluma, un carboncillo, dibujó, por espontáneo impulso, y en este orden fue tal su vuelo que llegó a ser un artista por su propia culturización".


Pero para él no había distingos entre una y otra. En una sensibilidad como ésa, ¿qué tan honda pudo ser la huella que dejaron los libros de Verne? Muy profunda, sin duda, ya que despertaron su imaginación. La ciencia y el arte parecían trazar un único camino y él lo siguió sin dudar. ¿No era acaso el camino de la ciencia ficción, una forma artística que suele presentarle desafíos a la ciencia, cuando no guía amistosamente su rumbo?


Muchos le dijeron loco. Pero él era un adelantado. Lo que para unos era excentricidad, para él era la más genuina expresión del pensamiento creativo. "Hoy ficción, mañana realidad", rezaba el título de una vieja revista de ciencia ficción. Ese mismo fue el espíritu de Paulet y así lo quisimos destacar en el artículo que hoy ha publicado el diario La Repúbica, bajo el título de El hombre que inventó el futuro. Desde acá agradecemos a Mirko Lauer por la gentileza de brindarnos el espacio. En tu honor, Pedro.