viernes, 23 de mayo de 2008

Opel-Valier-Sander. 80 años de un récord

"Sueñe con nosotros con el día en que la primera nave espacial pueda volar alrededor de la Tierra más rápido que el Sol". El Barón Fritz von Opel se dirigía eufórico a la multitud que había llenado el autódromo de AVUS (Automobil-Verkehrs- und Übungs-Straße), en las afueras de Berlín, para presenciar el Opel Rak 2 (ver video).



No era para menos. Acababa de imponer una marca: 280 km/h era todo un récord para automóviles impulsados por cohetes. Y él había estado al volante. Pero, además, sentía que había dado un paso importante para su objetivo final, el lanzamiento de una nave tripulada hacia el espacio exterior.

Era el 23 de mayo de 1928. Apenas en noviembre de 1927, había aceptado la propuesta de Max Valier de poner la planta de su afamada fábrica de automóviles, ubicada en la ciudad alemana de Rüsselsheim, al servicio de un sueño: los viajes interplanetarios. Tal como acordaron, y con la colaboración del ingeniero Friedrich Sander, comenzaron probando con cohetes en automóviles. Luego vendrían los aviones y las naves espaciales, según el plan ideado originalmente por Valier.

Es cierto que el ideal era contar con motores a reacción de combustible líquido. El peruano Paulet había dado a conocer en octubre de 1927 que había inventado un motor de ese tipo y, en marzo de 1928, la noticia fue replicada en Die Rakete, el boletín de la
Sociedad para Vuelos Espaciales (VfR). Pero Valier, Opel y Sander no cancelaron las pruebas con cohetes de combustible sólido, en este caso pólvora.

Cuando Valier le hizo el ofrecimiento, Opel, con buen olfato, entendió que sería una publicidad para su fábrica más barata y más rentable que la publicidad convencional. Valier, por su lado, sólo aspiraba a promocionar las actividades de la VfR. No contaba con que algunos de sus compañeros de la Sociedad iban a reprochárselo.

Creían que experimentar con cohetes de pólvora era un retroceso. Por desgraciada coincidencia, el mismo día del Opel Rak II, Hermann Oberth sufría la censura de la Sociedad de Ingenieros de Alemania, la que rechazó sus postulados teóricos en torno a que los viajes al espacio fueran posibles, ni aun contando con motores de combustible líquido, tal como había establecido el rumano.

Fue un trago amargo para Oberth. El hecho terminaría de definir su alejamiento de Valier, quien durante algunos años se había dado a la tarea de divulgar su obra teórica. Valier lo había hecho con verdadera pasión y en términos asequibles al hombre común, logrando popularizar los vuelos espaciales y convertirse él mismo en un héroe viviente. Quizá haya habido celos de sus contemporáneos.

Es elocuente que Oberth, al referirse al episodio, lo minimice y no mencione a Valier: “En 1928, Fritz von Opel reveló su famoso carro-cohete. Quizá sea interesante para ustedes saber que cuando lo visité, sus primeras palabras fueron: Profesor, no me juzgue usted por el carro-cohete solamente. Yo hago trabajo serio también.” Un motor de cohete trabaja de la manera más eficiente cuando la velocidad de gas expulsado hacia atrás es emparejada por la velocidad de avance del vehículo. En el caso del carro-cohete, la eficiencia era muy pobre. Opel lo sabía pero mostró su carro-cohete por la publicidad”.

Y refiriéndose al rechazo de la Sociedad de Ingenieros de Alemania, añade: “Esto, sin embargo, no previno al Profesor Kirchberger, quien no era consciente de ese hecho, de calcular la eficacia del coche de cohete de Opel a partir del combustible consumido y la salida de poder obtenida. Entonces puso el resultado dentro de los cálculos para cohetes espaciales con el fin de demostrar que los viajes espaciales eran imposibles (o que al menos él mismo no podría haberlos inventado).”

Como sea, al mes siguiente, se produciría la separación de Opel y Valier, quienes ya estaban distanciados antes del Opel Rak II porque Opel no dejó que Valier piloteara el auto, pensando en la publicidad que sería
hacerlo él mismo. Luego, cada uno seguiría con un plan de construir aviones-cohete. No debió ser una separación feliz, en especial para Valier, quien había contribuido mucho a los estudios para el avión-cohete que Opel hizo volar en 1929 (ver video)



En una semblanza de Valier, aparecida en la edición del año 2007 de su novela “Un audaz viaje a Marte”, se lee: “Desafortunadamente, Opel, quien estaba en esto sólo por la publicidad, acaparó la mayor parte de la atención que merecía Valier -incluso le negó a éste, quien era un experimentado piloto, el honor de hacer el primer vuelo en avión-cohete-. Valier, sin inmutarse, continuó trabajando en el desarrollo de motores de combustible líquido, así como proyectos para aviones de cohete de largo alcance, de combustible líquido”.

Sus desencuentros con figuras tan importantes como Oberth y Opel y su temprana muerte originaron que Valier y su contribución a los vuelos espaciales hayan sido un tanto dejados en segundo plano. No obstante, comienza a ser revalorado.

Hace cinco años, al celebrarse los 75 años del Opel Rak 2, el historiador Immo Sievers escribió sobre el evento: “Este acontecimiento marcó un brillante cierre para el desarrollo de motores de cohete para autos. El desarrollo del motor de cohete para coches en los trabajos de Opel en Rüsselsheim, Alemania, entre los años 1920 y a principios de los años 1930, está documentado. Sin embargo, la investigación empírica de los especialistas alemanes de cohetes Maximilian Valier y Friedrich Sander inició una nueva era en el desarrollo de motores de cohete usados incluso hoy en las naves espaciales modernas”.

Si la Historia comienza a darle su lugar a Max Valier como uno de los primeros en construir motores a reacción de combustible líquido, quizá el mejor sustento de esto sean las palabras de Oberth cuando explica las razones de su poco afortunada colaboración con el cineasta Fritz Lang en la película La Mujer en la Luna: “...yo no era un mecánico entrenado; y Henry Ford tenía razón cuando decía que uno no debería inventar un motor si uno no puede ensamblarlo con sus propias manos. Déjenme decirles, ese hombre tenía razón”.

Valier sí pudo. Y él proclamó a Paulet como el pionero.