jueves, 21 de agosto de 2008

El Arquitecto del Futuro (Parte II)

Un cristiano práctico. Eso era Paulet. Lo había aprendido del Padre Duhamel, quien fundó el colegio San Vicente de Paúl, la escuela “de los pobres”, para contribuir a la reconstrucción después de la Guerra con Chile.

Según Francisco Mostajo, Paulet se convirtió, gracias a su ingenio, creatividad y travesura sana, en el engreído de Duhamel. Éste inculcaba por igual el amor a Dios y a la Patria. “El ciudadano que ama a su patria por virtud, está dispuesto siempre a entregarse a ella: le exige sacrificios, se los ofrece: he aquí el ciudadano benemérito; le exige la vida, se la inmola: he aquí el héroe. Cuán distintos son los egoístas, los indiferentes o abstencionistas, los desalentados o cobardes. El egoísta no es patriota ni puede serlo”.

Otro alumno de Duhamel, el ex Obispo de Huánuco, el moqueguano Francisco Rubén Berroa y Bernedo, recuerda: “Estas enseñanzas del maestro, que como dictadas por un buen francés hicieron vibrar las más delicadas cuerdas del patriotismo, produjeron sus frutos en los territorios, donde la Patria vivía ausente y se hallaba arriada su bandera. Ya en vida del Padre Duhamel, algunos de sus discípulos sacerdotes, desempeñaron con honor y con aplauso del Perú, el delicado cargo del parroquiado, en las provincias de Tacna y Arica, durante el período más agudo de la chilenización de esas amadas provincias. De los nueve sacerdotes, que ejercieron su ministerio, defendiendo con denuedo los intereses religiosos y los derechos peruanos, seis salieron de las aulas vicentinas de Arequipa, que fueron Dr. J. Vitaliano Berroa, presbítero Juan G. Guevara, Benedicto Rosado, Jesús Del Carpio, José Félix Cáceres y Francisco Quiroz”.

La prédica de Duhamel caló tan hondo en Paulet que quiso ser sacerdote, como recuerda su hija Megan, quien refiere que iba a Misa todos los días. Si en algún momento la ciencia desplazó a su vocación religiosa, nunca perdió su espíritu solidario y desprendido. Como cuando, a falta de dinero para contratar maestros, fue profesor de los más pequeños, con excelentes resultados. O cuando rechazó el pago del premio que había ganado en un concurso internacional para diseñar el Hospital Goyeneche en Arequipa. O cuando propuso, como parte del proyecto para embellecer la zona norte de Lima, construir la Basílica a Santa Rosa en la cima del cerro San Cristóbal.


En este último demostraba su cualidad de cristiano práctico. La Basílica en homenaje a la santa, “el monumento más grande del mundo”, colocado en ese pedestal, debía sobrecoger a quienes lo observaran pero también atraer la llegada de turistas y de divisas hacia el Perú. Como de costumbre, Paulet ofrecía incluso la fórmula para financiarlo. Hasta había conseguido la donación de las rosas para adornar el cerro de parte del gobierno japonés, como recuerda Megan Paulet.

Aunque él afirmaba que hizo el diseño en 1932, según otra versión, su propuesta habría sido aceptada por el Presidente Leguía antes de 1930, cuando el golpe de estado del General Sánchez Cerro frustró su realización. Lo que resulta verosímil, pues, durante el Oncenio de Leguía, era Arzobispo de Lima otro alumno duhamelino, Monseñor Emilio Lissón, quien, además, se ordenó sacerdote en París en tiempos en que Paulet estudiaba en La Sorbona. Es decir, podrían haber sido amigos.

Al caer Leguía, Lissón fue acusado de corrupción por su cercanía a él, pero su inocencia fue defendida por varias personas notables. Al año siguiente, temiendo por su seguridad, dejó el Perú y buscó refugio en Roma. Se sabe que sus acusadores acabaron pidiéndole perdón. Hoy está en
proceso de canonización.

Si no hay mayores certezas de la amistad entre Paulet y Lissón, las circunstancias vuelven a vincularlos. De acuerdo al ex Alcalde del Rímac, Percy Hartley, en 1932, Paulet visitó al Papa Pío XI, exponiéndole su proyecto y recibiendo la aprobación de éste. Probablemente, Lissón haya facilitado el encuentro entre ambos.

Hasta los años 1980, el tradicionalista César Revoredo Martínez, siguió luchando para hacer realidad el sueño de Paulet, como lo atestigua su libro
Santa Rosa de Lima en la cumbre del San Cristóbal, del cual hemos tomado las imágenes reproducidas aquí.

A todo esto, a nosotros siempre retorna la pregunta: ¿Y si Paulet quería construir su nave espacial para llegar a Dios?

A continuación, la segunda parte de las “
Explicaciones del proyecto para la urbanización y embellecimiento del norte de Lima”.
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II. - EL MONUMENTO A SANTA ROSA DE LIMA.

IMPORTANCIA NACIONAL DE ESTA OBRA.- La celebridad peruana más indiscutible e histórica en el mundo es seguramente Santa Rosa de Lima. Doquier se encuentra su culto en las poblaciones cristianas o en parte cristianas; y es muy conmovedor para un peruano hallar ingenuas imágenes y el nombre de esa compatriota en lugares tan apartados como Escandinavia y el Japón. Pero es particularmente en toda América, desde Alaska hasta Patagonia, que ese culto se mantiene, vívido y destellante, en millones de hogares y en millares de templos, a través de ya más de veinte generaciones.

Si Santa Rosa, en vez de nacer en Lima, hubiera nacido en Buenos Aires o en Nueva-York, ya hace tiempo que se le habría ahí consagrado el más grandioso Santuario del Nuevo Mundo. No lo han erigido en su ciudad natal tal vez porque el Perú moderno no es sino una parte pequeña y desposeída de aquel vasto Dominio, el más rico y portentoso del Continente americano, en que esa Santa nació y vivió. Pero aún así sorprende nuestra incuria en este asunto. Cuanto se ha hecho o se ha proyectado hacer en el Perú para enaltecer el recuerdo de Santa Rosa ha sido siempre mezquino, secundario y provisorio, iglesias de adobe, iconografía de bazar, manifestaciones lugareñas, nada monumental ni a la escala de una gloria nacional que por lo muy menos culmina con aureola continental.

Este proyecto propone construir en honor de Santa Rosa de Lima el mayor monumento del mundo. ¿Por qué no? Los títulos abundan. Santa Rosa es hasta la fecha la única indo-ibérica canonizada y solemnemente proclamada “Patrona de todas la América y sus Islas”; es además el símbolo perenne de la incorporación del Nuevo Mundo a la Cristiandad; es un modelo continental de virtudes y ejemplos doquier seductores y un valor moral que nos atrae la simpatía y la estima de las otras naciones. Al honrar a Santa Rosa nos honramos y, al construirle un monumento sobresaliente, lo erigimos en realidad al Perú. Tal empresa es pues eminentemente patriótica y la que más podría revivificar nuestras energías y el optimismo nacional, tan mortalmente anublado desde hace tiempo.

CONDICIONES TÉCNICAS DEL MONUMENTO.- Un monumento para ser el “mayor del mundo” no necesita ser el más alto. Actualmente se construye en Nueva-York un edificio de 700 m. de altura, que otros podrán sobre pasar después, sin que ninguno de ellos deba merecer el título de “maravilla”, acordado a 7 monumentos antiguos, no precisamente por la enormidad de sus dimensiones. La superioridad de un monumento depende, como es lógico, de múltiples condiciones, entre las que tiene que predominar la armonía y esta armonía no sólo en el monumento mismo sino también entre el monumento y sus alrededores o, como dicen, “su horizonte”. Ahora bien el progreso moderno está transformando radicalmente esa noción de la armonía monumental. Y como el monumento a Sta. Rosa que proponemos atiende sobre todo a esa transformación moderna de la estética, debemos comenzar por explicarla.

Hasta hace poco todo monumento debía imponer tan sólo por la belleza de sus fachadas verticales, toda vez que no era posible observarlas desde sus planos inferiores. Pero la aviación, -que sin duda se propagará de más en más, -situando al observador encima de los monumentos, les exige ahora, fuera de la armonía vertical, una armonía horizontal y tanto mayor cuanto que la altitud dilata “el horizonte”. Así, vistos desde un avión, los monumentos actuales más renombrados, resultan una construcción trivial o un verdadero desastre arquitectónico. Y si se considera la extensión de más en más enorme de las modernas urbes “tentaculares”, lo que entonces desacredita peor a todas esas obras, de la Humanidad “pegada al suelo”, es la angustiosa pequeñez de su “planta” entre la inmensidad, con frecuencia caótica, de sus alrededores. Para probarlo basta observar las vistas tomadas desde aeroplanos de los más reputados conjuntos monumentales que se conoce: San Pedro del Vaticano, catedrales góticas, Louvre de París, Westminster de Londres, etc. sin hablar de algunas presuntuosas “fachadas” más modernas, como el Palacio de Justicia en Bruselas o el Monumento a Víctor-Manuel en Roma.

Proponiéndonos construir un monumento sobresaliente,- en un país y hasta en un Continente que no los tienen,- el proyecto presenta ante todo una planta cuya amplitud es la mayor de su género que se conoce, por lo que no es hipérbole presentar a este monumento como “el mayor del mundo”.

En esta planta debemos distinguir tres componentes principales, siendo de notarse que, aun tratándose de fachas verticales, este monumento será uno de los rarísimos que podrá ser contemplado por cualquier lado y siempre con horizonte y perspectivas distintas:

1).- Las columnatas, a ambos lados de una “Avenida circular”, de las que la columnata exterior forma pasaje arquitectural, como la de la Plaza de San Pedro en Roma, pero con la ventaja sobre ésta que no enaltece a una sola fachada del monumento, sino que lo circunda completamente, salvo frente a las tres Avenidas exteriores, donde deja el espacio libre para no interrumpir las respectivas perspectivas. En cuanto a la columnata interior, -de igual (20 m.) que la exterior,- forma fachada del anillo de edificios que constituyen el zócalo del monumento y que están reemplazados, frente a las mismas tres Avenidas exteriores, por las escaleras monumentales, con el fin siempre de facilitar las perspectivas. Además éstas son aumentadas, ante las Avenidas hacia el Callao y hacia la Diagonal, por Plazas semicirculares y, frente a la Avenida hacia Lima, por un gran Atrio, como los de las mejores basílicas del Renacimiento;

2).- El Cerro de San Cristóbal es suficientemente regular para poder ser transformado, sin mucho esfuerzo, en un vasto cono truncado, que sirva de base a la Basílica de Sta. Rosa. Este arreglo arquitectónico del San Cristóbal comprende a su vez siete elementos especiales: a) las tres escaleras monumentales, de las que el proyecto no da detalles y que se asemejarían a la célebre escalera del Santuario del Sagrado Corazón en París (Montmartre), es decir, combinación de peldaños de frente con otros laterales en semicírculo, encerrando motivos con cascadas de agua y con amplios “descansos” horizontales; b) los tres dobles ascensores, que no terminarían, como las mencionadas escaleras, en la terraza superior del San Cristóbal sino en el interior de la cripta de la Basílica; c) el también ya mencionado anillo inferior de grandes edificios, que formarían el Zócalo del Monumento y que servirían para museos, exposiciones y educación profesional: d) la autovía helicoidal, o pista con un desarrollo de cerca de 5 km. y un declive de 4 %, para la circulación automóvil entre la Avenida circular al pié del Monumento y la terraza superior del San Cristóbal; e) la serie de edificios en anillos escalonados, al borde de la autovía helicoidal para disimularla a la vista exterior y que servirían de locales para numerosas instituciones sociales y culturales panamericanas; f) la terraza superior o plaza circular alrededor de la Basílica, en lo alto del San Cristóbal; y g) la flora del Monumento, compuesta exclusivamente de rosales,- de los que, en el Japón por ejemplo, hay viveros con más de 800 variedades,- y cuyo cultivo en todos los terrenos libres de la superficie del San Cristóbal sería asegurado por un servicio especial de agua alimentado por las bombas elevadoras, instaladas cerca del vecino nuevo cauce del Rímac, como lo muestra la planta del proyecto;

3).- Utilizando al Cerro San Cristóbal como pedestal de la Basílica a Sta. Rosa, se comprende que esta Basílica debe destacarse ante todo por sus grandiosas proporciones. La parquedad de los edificios erigidos sobre cumbres de cerros ha malogrado siempre a su conjunto y hasta a su horizonte, como se nota en Montmartre (París) y aun en el Capitolio (Roma). Sin embargo no es tanto la enormidad de la masa de un pináculo lo que más importa cuanto su forma de adecuado remate en la silueta del conjunto, como lo muestra el hermoso “Monte San Miguel” en Francia. Y es por tales consideraciones que en el proyecto del Monumento a Sta. Rosa hemos adoptado, cual coronación a la cima del San Cristóbal, una Basílica con aspecto justamente de corona imperial, con planta octogonal,- lo que permite un interior de cruz griega, como lo quería Miguel Ángel para San Pedro de Roma,- y con una amplia cúpula central, de modo que el Monumento es el conjunto de cerro e iglesia,- en que el cerro es transformado en pedestal de la iglesia,- no, como en otras partes, en que el monumento es sólo la iglesia, edificada sobre un cerro cualquiera. Por otra parte, en la Basílica, el templo reposa sobre una cripta elevada, que abriga las entradas de los ascensores y compartimentos para servicios diversos, con un mausoleo central, abierto en el crucero del templo en forma análoga a la Tumba de Napoleón de los Inválidos de París.

ETAPAS DE LA CONSTRUCCIÓN DEL MONUMENTO.- En otros tiempos, los grandes monumentos han sido obra de generaciones por razones más técnicas que económicas. Pero el empleo moderno del cemento y del acero permiten reducir enormemente el tiempo de construcción de esas obras y darles formas y dimensiones ante imposibles. Así se ha podido inaugurar en 1913 el Palacio del Centenario en Breslau, con su cúpula de 100 metros de diámetro, que es una malla de cemento armado en fondo de cristales, tras cerca de dos años de trabajo total. No son pues ya las dificultades técnicas las que prolongan la duración de esta clase de obras y el problema ahora se reduce a organizar la construcción para acabar pronto “lo necesario” y dejar al tiempo la realización de lo “accesorio”. Un buen ejemplo de esta organización, o mejor dicho “racionalización”, se ha visto en la construcción de la gran Catedral católica de Westmisnter en Londres: en pocos años se erigió el edificio principal desnudo y se le entregó al culto, mientras que los compartimentos secundarios y la ornamentación general de “revestimiento” fue emprendida después y aún no ha concluido.

Con tal programa, en la obra del proyectado Monumento a Sta. Rosa, la primera etapa debe consistir en el terraplén de la “Avenida circular” al rededor del Monumento y la construcción de la Autovía helicoidal, con uno de los tres previstos ascensores. La siguiente etapa comprenderá la edificación de los muros y cubierta, en concreto-armado, de la Basílica superior, para entregarla inmediatamente al culto. Después, con el revestimiento ornamental de ese edificio, se podrá levantar sucesivamente la albañilería de los locales situados al margen de esa autovía, entregándoles a las instituciones respectivas para que los terminen. En seguida se podrá construir las tres escaleras monumentales con los dos ascensores restantes. Y sólo al fin se deberá emprender la obra de los edificios del zócalo del Monumento, con la de las columnatas exteriores.

Una exigencia de la racionalización moderna es la construcción “en serie”, con herramental y elementos “normalizados” o, como bárbaramente dicen, “standarizados”. El empleo de la fuerza mecánica y del aire comprimido, con betonaras, inyectadoras de cemento, grúas ambulantes, etc. multiplican su rendimiento y disminuyen increíblemente los gastos de dinero y de tiempo cuando se le combina con la previa normalización de canalizaciones, moldes de concreto, puertas y ventanas, vidrios y pavimentos, etc. fabricados en series de millares, con lo que el arte de construir se reduce a combinar y “armar” rápida y económicamente esos elementos, que la industria entrega, a pié de obra, ya listos por completo. Además tal sistema permite utilizar al máximun de materiales nacionales, no debiéndose así importar, en nuestro caso, sino la maquinaria para labrar o adecuar esos materiales, y los aceros que desgraciadamente aun no producimos.

POSIBILIDADES REPRODUCTIVAS DE ESTE MONUMENTO.- Las ciudades “monumentales” son las más frecuentadas por los ricos turistas extranjeros y es seguro que la sola presencia en Lima del “mayor monumento del mundo” le atraería el interés general y una corriente extraordinaria de visitantes. Y a esta concurrencia constante al Monumento,- porque todo monumento es una “exposición perpetua”,- habría que agregar la frecuentación religiosa de las peregrinaciones individuales o en grupo, provenientes de los demás países americanos, donde nada se ha hecho para recordar a millones de sus católicos el Patronato continental de Santa Rosa. Pero además, de nosotros depende transformar esa afluencia espontánea de turistas o peregrinos forasteros en clientela utilitaria y copartícipe, a causa del carácter panamericano del culto, y por ende del Monumento a Sta. Rosa y dedicando a esa labor panamericana todas las instalaciones de ese Monumento, ya que no sea sino porque esta obra, como lo veremos en seguida, debe ser exclusivamente financiada con fondos pan-americanos.

El Pan-americanismo puede ser discutido como ideal político y aun como eficiente factor económico; pero es evidente que nada perderemos y mucho podemos ganar desarrollando en Lima, -que tantos títulos tiene para convertirse en un centro internacional- una acción social y cultural, independiente de partidos, Gobiernos y aun doctrinas, que se dedique al estudio de los recursos y posibilidades continentales, a su valorización y comercialización en el mercado mundial, al fomento de la paz y solidaridad entre los países de nuestro Continente y sobre todo la incorporación a la cultura y progreso modernos de nuestras razas indígenas, cuyo abandono y aun persecución, está creando, -no sólo en el Perú sino doquier en América,- el grave y hasta tremendo problema de “la dualidad de la Nación”.

En el proyectado Monumento a Sta. Rosa se ha previsto, para formar su zócalo, 6 vastos palacios, con 150 m. de fachada cada uno y, al lado de la autovía helicoidal, 36 otros palacetes más pequeños, pero suficientemente amplios para abrigar oficinas, salones de recepción y reunión, internados y grandes servicios para abrigar oficinas, salones de recepción y reunión, internados y grandes servicios de toda clase. Todos esos locales podrían ser pues destinados a una gran diversidad de centros, instituciones o entidades, sociales y culturales, de carácter pan-americano y pro-indígena. Por otra parte en la Avenida, trazada en el proyecto entre el mar y el Monumento, donde su cruce con otras nuevas Avenidas forma una plaza en estrella (a la cultura de la actual “Portada de Guía”), se ha previsto un “monumento al Indio desconocido”, obra de aliento que debería ser objeto de un concurso entre artistas americanos con la sola condición que ese monumento, destacándose como una estela, despierte el interés y la devoción hacia el aborigen desposeído de nuestro Continente. Así la respuesta a la mayor incógnita social de América, planteada por ese monumento al Indio desconocido, se hallaría en el gran Monumento a Sta. Rosa y en forma práctica de documentación, de instituciones y de servicios, con radio continental y la más proficua fecundidad en el porvenir.

RECURSOS FINANCIEROS PARA ESTE MONUMENTO.- Según diversas estadísticas oficiales se debe contar con un minimum de 50 millones de católicos practicantes en el Continente americano, de los que 4 millones corresponden al Canadá, 19 millones a los Estados Unidos, 5 millones a Centroamérica y Antillas y 22 millones a Suramérica, fuera de otros 50 millones de católicos nominales especialmente en Centro y Suramérica. Esa población católica panamericana es la que más contribuye al “Dinero de San Pedro” y otros fondos y servicios religiosos, la que forma la mejor clientela de los santuarios y centros de peregrinación del Viejo Mundo y la que, particularmente en los Estados Unidos y en el Canadá, sostiene las más costosas “obras” sociales y ha ya construido centenares de fastuosos edificios de culto. Pero fácil es constatar que, entre esa enorme multitud de donadores católicos pan-americanos, ni una centésima parte recuerda el Patronato continental de Sta. Rosa o que, aunque lo recuerde, no sabe cómo ni cuando contribuir a la exteriorización de ese Patronato.

Si es manifiesto que en el Perú sólo no se puede arbitrar los fondos suficientes para construir un monumento digno de la Patrona de América, lo lógico es buscar esos fondos en todo el resto del Continente, exponiendo la legítima necesidad de convertir ese Patronato, de platónico y estéril que hasta ahora ha sido, en un práctico y fecundo centro de actividades, en beneficio especial del mismo Continente. Tal empresa es cuestión de propaganda y no puede dejar de tener buen éxito si se sabe organizarla. Por lo demás la idea de este modo de arbitrar cuantiosos recursos para un Monumento pan-americano a Sta. Rosa ha sido debida a numerosos católicos norteamericanos con los que el autor de este proyecto ha tratado de tal asunto. Según ellos bastaría que la Curia romana recordara a las Diócesis de toda América el Patronato continental de Sta. Rosa y recomendara la construcción de un monumento conmemorativo de ese Patronato para que se pueda contar con que una décima parte por lo menos de los católicos practicantes de América, o sea 5 millones, aporten anualmente un mínimun de un dólar por persona para realizar tan meritorio propósito. La condición necesaria es sin embargo que el proyecto de esa obra se imponga por su grandiosidad. Especialmente en Norteamérica un proyecto ordinario no obtendría gran eco; pero los donadores abundarían si supieran que se trata de construir a la Patrona del Nuevo Mundo “el Monumento mayor del Mundo”.

En resumen lo que se debe hacer para financiar el Monumento que proyectamos es: 1º, gestionar por medio de nuestra Embajada cerca de la Sta. Sede en que ésta recuerde a las Diócesis de toda América el Patronato continental de Sta. Rosa y la oportunidad de confirmarlo en un monumento, centro a vez de muchas obras culturales y sociales del Catolicismo americano; 2º, que se constituya en Lima un Directorio prestigioso y entusiasta que se encargue de organizar las colectas de fondos en esas Diócesis y de controlar su buena inversión en la obra del Monumento; y 3º que, observando el ejemplo de Lourdes y Lisieux, no se olvide que las colectas en las misas y otras ceremonias religiosas no rinden tanto cuanto la organización de peregrinaciones, las misiones colectoras circulantes y, sobre todo, la publicidad periódica en todas sus formas.