Era agosto del 2006 cuando lo contactamos. Había creado el sitio web hacía años, lo abandonó por falta de tiempo y estaba sorprendido de que siguiera al aire.
Le habíamos escrito para preguntarle si tenía más información sobre Paulet. "Es completamente difícil encontrar (en Francia) el más mínimo pedazo de información sobre Paulet, quien es probablemente uno de los 10 científicos top en los orígenes de los viajes al espacio", contestó, remarcando que no era el único olvidado en la carrera al espacio: “Louis Damblanc, un francés, voló el primer cohete en etapas del mundo en 1936 ¡y ni siquiera los ingenieros franceses del espacio son conscientes de eso!”.
No nos desanimamos. La investigación nos fue convenciendo de que en archivos europeos hallaríamos pruebas de que Paulet era el pionero aeroespacial, como lo dijimos en el artículo Contacto en Berlín. Y acá estamos. Por coincidencia, hallamos que La Enciclopedia del Aeromodelismo dice: “Los más grandes progresos desde el fin del siglo XIX hasta la Segunda Guerra Mundial son debidos a Pedro Paulet, realizador del primer motor de combustible líquido; Louis Damblanc, quien lanzó el primer cohete en etapas, y naturalmente, Robert Goddard.”
Esto último es importante, pues usualmente se le resta méritos a Paulet, planteando una disyuntiva sobre quién fue el inventor del motor a reacción: él o Goddard. En realidad, ambos hicieron trabajos por separado, sin contacto entre ellos y, según la información que hemos hallado acá -o corroborado la que ya teníamos-, la obra del peruano fue una referencia importante para los pioneros aeroespaciales alemanes de finales de la década de 1920, justo después de 1927, cuando dio a conocer sus estudios en el diario El Comercio.
No es el caso de Goddard. Aunque una versión dice que Oberth copió ideas del libro que el norteamericano le había enviado, otros autores afirman que el alemán quiso demandar a Goddard por hacer circular ese rumor. Parece que tampoco es cierto que un espía alemán infiltrado en el entorno del ermitaño Goddard llevó sus secretos al grupo de Von Braun: eso ocurrió cuando la construcción de los misiles V2 ya estaba encaminada. Más allá de especulaciones, lo concreto es que mientras Oberth fue un teórico, Paulet y Goddard fueron los dos ‘ejecutantes’ pioneros, como reconocen los autores alemanes Ernst Messerschmid y Stefanos Fasoulas en su libro Sistemas de astronáutica: una introducción con prácticas y soluciones (2005).
Aún queda por dilucidar quién construyó primero el motor a reacción. De eso nos ocuparemos más adelante, pues tenemos bastante que decir. Pero este viaje ha permitido confirmar que, entre los años 1920-1930, Paulet no sólo fue una personalidad reconocida en Europa como pionero aeroespacial, sino como arquitecto. Así, no sólo el boletín de la VfR (Verein für Raumschiffahrt) alemana le dio cabida entre 1928 y 1929, años cruciales para la cohetería espacial.
Por ejemplo, esta mención asombrosa que hace el abogado y periodista Georges Benoît-Lévy en su artículo La Ciudad-Jardín en el Extranjero, publicado en la revista La Ilustración el 30 de marzo de 1929, sobre el trabajo de Paulet como urbanista: "Citemos en Perú las haciendas modelo como las de nuestro corresponsal, el Sr. Larco Herrera, donde, en pleno campo, se encuentran las instituciones de higiene social y de educación de la ciudad mejor organizada; en las escuelas de Chiclín, se vuelve a enseñar a los niños, en álbumes espléndidos, el arte antiguo de los Incas, los motivos decorativos extraídos de las tradiciones del país del que se inspirarán para el embellecimiento de las residencias modernas. Por contraste, recuerdan la ciudad contenida en una Torre de Babel gigantesca que Pedro Paulet proyectó en medio de los bosques del Amazonas".
Consultamos al arquitecto Wiley Ludeña sobre este pequeño hallazgo. Nos dijo lo siguiente, que resultó también una sorpresa: “Respecto a las menciones a Pedro Paulet, el caso de Georges Benoit-Levy es conocido por su libro de ciudades jardines. Sin embargo las referencias específicas al caso de Paulet y la ciudad de Chiclín, resultan una sorpresa. ¿Cómo llegaron a él estos datos?”. Pregunta que intentaremos responder, sin duda.
También encontramos a Paulet mencionado en la muy importante revista Science et vie, de agosto de 1931, de donde tomamos un breve extracto: “El tercer gran pionero moderno es el ingeniero químico Pedro Paulet, de Lima (Perú), cuyas pruebas se hicieron entre 1895 y 1897”.
La misma revista da a entender que Paulet tuvo un paso fugaz por Europa. Lo que podría entenderse dentro del siguiente contexto. En 1929, Max Valier, el científico de la VfR que escribió más entusiastamente sobre el trabajo de Paulet, se reunió con Hitler, provocando el alejamiento de Paulet. En 1930, Valier, que acababa de publicar su último libro, en el que volvía a elogiar a Paulet, murió en una explosión. Ese mismo año, el Presidente Augusto B. Leguía era derrocado, luego de que un año antes terminara cediendo el territorio de Arica a Chile.
En El Arquitecto del Futuro (Parte II), señalábamos el probable acercamiento de Paulet a su condiscípulo de escuela, el Arzobispo de Lima Emilio Lissón, y a Leguía. Y que el golpe de Estado habría impedido realizar el Proyecto para la Urbanización y Embellecimiento del Norte de Lima que Paulet había diseñado -y que se dice fue premiado en París en 1929 (dato que debe confirmarse)- y seguramente la inmigración de científicos alemanes que había pedido en 1928.
Una carta de Paulet a la Cancillería, desde Yokohama, en junio de 1933, ofrece un par de datos interesantes. Refiriéndose a ese proyecto urbanístico, dice: “Lo he trazado en gran parte durante los tres meses que debí esperar en Rotterdam para que me despacharan a mi actual puesto consular, creyendo así pagar con creces los sueldos de espera que el Gobierno se dignó concederme durante ese tiempo”.
Es probable que el gobierno de Sánchez Cerro no lo viese con buenos ojos por su referida cercanía a Leguía y dejara en suspenso su nombramiento en un nuevo puesto consular. Paulet, sin embargo, consideraba su deber justificar su sueldo. Y es probable también que, cuando el gobierno finalmente decidió su nuevo destino, eso lo motivara a decir con humildad en la misma carta: “Por mi parte envío directamente un ejemplar de ese proyecto como homenaje al señor Presidente de la República...". Sólo que en este caso, se refería al Mariscal Óscar R. Benavides, quien había depuesto recientemente a Sánchez Cerro.
Así, prácticamente, fue un lustro el que Paulet brilló en Europa. Luego el Japón, el Perú y Argentina lo recibirían hasta su muerte, un 30 de enero de 1945.
Uno se pregunta porqué los historiadores se han ocupado tan poco de él. Será que reconstruir su vida no es sencillo, nos contestamos. Pues, mientras más nos adentramos en el mundo de Paulet, nos damos cuenta de que conocemos menos al misterioso señor Paulet. O de otro modo: a medida que encontramos cada pieza, se hace claro que el rompecabezas es más y más grande, casi infinito.