miércoles, 15 de julio de 2009

Hombres voladores del Perú

ACTUALIZACIÓN: El siguiente texto fue recogido por la página editorial del diario La República el 1° de agosto de 2009.

En pocos días, Francia celebrará por todo lo alto el centenario del cruce aéreo del Canal de la Mancha, a cargo de Louis Bleriot, quien, a bordo del aeroplano fabricado por él y que llevaba su apellido, voló por primera vez de Francia a Inglaterra el 25 de julio 1909. En el Perú, mientras tanto, estamos a la expectativa de que comiencen los preparativos para festejar los cien años de que el peruano Jorge Chávez Dartnell sobrevoló los Alpes el 23 de setiembre de 1910, pilotando un monoplano de marca Bleriot, nada menos.


Chávez, ya es conocido, murió a pocos días de lograr la proeza de unir por el aire las ciudades de Briga (Suiza) y Domodossola (Italia), a causa del desplome de su avión cuando le faltaba poco para aterrizar. Lo que pocos conocen es que, en 1913, otro peruano, Juan Bielovucic Cavalié, repitió la hazaña de Chávez, aterrizando sin contratiempos. Por eso, el récord del cruce de los Alpes por avión es inobjetablemente peruano.


Chávez nació en Francia en 1887, de padres peruanos. Bielovucic, de padre croata y madre francesa, nació en Lima en 1889 y pasó su primera infancia en la calle de las Nazarenas. En Francia, que a inicios del siglo XX era ya considerada “cuna de la aviación”, ambos jóvenes obtuvieron en 1910 sus respectivos brevetes de piloto en el Aeroclub de Francia. Ese año, ambos compatriotas y amigos se convertían en Europa en estrellas de la naciente aviación -mientras Chávez batía récords de altura, Bielovucic destacaba en las competencias de distancia, como que impuso una marca de velocidad entre París y Burdeos-. En 1911, tras la muerte de Chávez, Bielovucic volvió al Perú llamado por la Liga Pro Aviación para fomentar la aeronáutica nacional, realizando el primer vuelo en avión hecho en nuestra patria. En 1913, tras cumplir la promesa de repetir la hazaña de su amigo, no pudo menos que orar ante el monumento a éste en Domodossola. En la Primera Guerra Mundial, tuvo, en virtud de su filiación materna, una destacada participación como piloto del escuadrón “Las Cigüeñas”, de la Fuerza Aérea Francesa.

Si asombra que dos peruanos ocupen un sitial preponderante en la historia de la aeronáutica mundial, no es menos sorprendente que, desde épocas preincaicas el hombre peruano haya soñado con volar, como lo prueban ceramios y telares. Y, por supuesto, que hayamos tenido auténticos pioneros aeronáuticos como Santiago De Cárdenas, quien durante la Colonia, propuso una nave para surcar los aires. O Pedro Ruiz Gallo, quien en 1878, diseñó el Ornitóptero, aparato que no pudo poner a punto debido a su repentina muerte en la Guerra del Pacífico. Sin contar al genial Pedro Paulet, pionero de la era espacial, y a otros ingeniosos inventores. Declarar el 2010 como el año del cruce de los Alpes por Jorge Chávez sería el paso inicial para rescatar esa riquísima tradición.