sábado, 1 de mayo de 2010

Jorge Chávez, narrado por Jorge Basadre

"¿En qué momento se jodió el Perú?", se preguntaba el protagonista de Conversación en La Catedral y la frase nos resulta apropiada ahora para constatar -una vez más- las deficiencias de nuestro sistema educativo.

En 1910, Jorge Chávez, joven nacido en París
pero inscrito como peruano por sus padres en el Consulado de nuestro país, era un héroe deportivo que despertaba la admiración del mundo y el orgullo de sus compatriotas por sus hazañas aeronáuticas, que tuvieron una brillante culminación con el Cruce de los Alpes el 23 de setiembre de ese año, demostrando que una nueva ruta de comunicación era viable para servir a la Humanidad.

Su muerte, unos días después, le impidió venir al Perú para cumplir con la invitación que le hiciera el Congreso de la República. Él, cuyo hangar llevaba el nombre de PERÚ, se había entusiasmado con la idea de venir a compartir sus conocimientos con los futuros aeronautas nacionales y contribuir con la soberanía nacional que estaba amenazada. Deseo que cumplió al año siguiente su amigo y compañero de hazañas Juan Bielovucic.

Hoy, sin embargo, ¿qué es lo que se sabe de Chávez? Muy poco. Incluso algunos pretenden negarle mérito por no haber nacido en suelo peruano, por provenir de un hogar acomodado o simplemente por no comprender la dimensión de su proeza. No es el caso de Jorge Basadre, nuestro mayor historiador, quien le dedica un homenaje en "Peruanos del Siglo XX".

Atención a estos fragmentos (tomados, igual que algunas imágenes, del blog Bitácora Hedonista), donde de manera casi cinematográfica el historiador narra el antes y el después del Cruce de los Alpes. Una pequeña lección para los maestros peruanos.

“En una reunión en Milán, en setiembre de 1910, la prueba principal consistía en un vuelo de Suiza a Italia con el paso por los Alpes por el cuello del Simplón. De los tres concursantes un italiano fue eliminado por no haberse presentado a tiempo ni presentado su aparato; un norteamericano se retiró de la competición luego de dos intentos infructuosos: quedaba el peruano. En su monoplano Bleriot, después de un ensayo infortunado, salió el 23 de setiembre de Briga, en Suiza, tramontó los Alpes y apareció en el valle de Domodossola. Había triunfado. Era “un joven del siglo XX cruzando por la ruta azul encima de aquellos Alpes por donde se arrastraron César y Napoleón”, según el periodista francés Hugues Le Roux. Nadie había hecho eso antes.

Aproximadamente a cinco metros de altura, las alas del aparato se desprendieron y doblaron “como las de una paloma”, y aquel cayó al suelo para estrellarse por la parte delantera. Luego se descubrió que una pieza de unión entre el fuselaje y un ala presentaba señales de rotura anterior y de una reparación imperfecta hecha con clavos. El piloto no tuvo culpa del accidente previo al aterrizaje, no por falla en el motor sino en la armazón de la endeble y primitiva aeronave. Quedaron la cola, los timones y las ruedas de bicicleta intactos y las alas no deformadas mayormente.

Transportado al Hospital de Domodossola, llegaron hasta Chávez mensajes de felicitación por su proeza, del Rey de Italia, el Presidente de Francia y numerosas personalidades de todo el mundo. En aquella época, el paso de los Alpes apareció como un significado análogo al que más tarde logró el vuelo de Lindbergh de Estados Unidos a Europa y en nuestro tiempo ha alcanzado la hazaña de Gagarin.

Chávez no tuvo pérdida de conciencia, y su casco de cuero quedó intacto. Tampoco sufrió lesiones internas, aunque sí se le encontraron fracturas en las piernas y pequeñas laceraciones y contusiones en la cara. Fue la suya una larga agonía. En ella pronunció, según Luigi Barzini, frases entrecortadas como “La altitud, la altitud…”, “el motor, el motor…”, “Quiero levantarme”. Parece que sus últimas palabras fueron “No, no, yo no me muero”, si bien por versión de Juan Bielovucic, han sido difundidas estas otras: “Más arriba, más arriba todavía”. El poeta italiano Giovanni Pascoli concluyó la elegía que escribió con motivo de este sacrificio y que conmovió profundamente al mundo, con los siguientes versos:
- “Cae con su gran alma sola
Siempre subiendo. ¡Y ahora sí, él vuela!”

Murió el 23 de setiembre con 23 años de edad.

¿Por qué falleció Chávez? Su caída se produjo a baja altura. La muerte no sobrevino por las heridas. No hubo infección. Garrido Lecca (Guillermo) diagnostica, a la luz de los conocimientos actuales, un shock traumático y hemorrágico al hacerse insuficiente la cantidad de sangre circulante y desangrarse en los tres puntos de fractura en las piernas. Dentro del estado de la medicina de entonces, no fue posible una transfusión que hubiera sido salvadora, o sea la administración del líquido en forma endovenosa para remplazar la sangre perdida. Se le aplicaron purgantes y se le hizo tomar café y un poco de champagne. Él clamaba por beber abundante líquido.