Apareció hoy en el diario Expreso este artículo del congresista Javier Valle Riestra, en el que destaca su relación de parentesco con el pionero aeronáutico Jorge Chávez. Cuenta del minuto de silencio que pidió en el Parlamento en memoria de éste. Y reafirma su peruanidad. Hay que recordar que, en el propio Parlamento, ya en 1910, se puso en duda y se discutió su peruanidad. Una vez confirmado que sus padres lo inscribieron al nacer en el Consulado Peruano en París, se le invitó a venir a contribuir con la formación de los pilotos peruanos. Eran tiempos en que se discutía qué tipo de aeronave adoptar para nuestras fuerzas militares ante los roces que se producían con países vecinos. Días antes de su hazaña en los Alpes, Chávez envió un telegrama aceptando la invitación. Su muerte le impidió cumplir con su deseo.Peruanidad de Jorge Chávez
Javier Valle-Riestra
Estuve en el Colegio de Abogados en un homenaje a Jorge Chávez. Ese certamen fue importantísimo porque decenas de almirantes y contralmirantes, de generales del ejército y de la FAP uniformados y con condecoraciones protagonizaron un escenario regio. En las galerías una banda militar entonaba himnos marciales ante la entrega de diplomas conmemorativos. El jueves pasado en el Congreso pedí la palabra, resumí quién era Jorge Chávez Dartnell, y solicité un minuto de silencio en su memoria.
Su peruanidad es indiscutible. Nació, es verdad, el 13 de junio de 1887 en París, pero sus padres eran peruanos, Manuel Chávez Moreyra y María Luisa Dartnell Guise, y su abuela materna una Guise Valle-Riestra; su bisabuela fue Juana Valle-Riestra, hermana de mi bisabuelo Miguel, cónyuge del almirante inglés George Martín Guise, jefe-fundador de nuestra flota. Resulto así, aunque cincuenta años menor porque nací en 1932, primo tercero de Chávez. No visitó el Perú, pero siempre se sintió compatriota; tan es así que estaba inscrito en el consulado peruano en virtud del acta de nacimiento 2026 expedida por el XVII arrondissement, distrito parisino.
Egresó como ingeniero de la Escuela Violet de Electricidad. Fue gran atleta. Llegó a ser campeón de la ciudad de París en 400m con vallas y venció en eventos deportivos de 1,500m y 1,200m planos. Pero su pasión fundamental fue la aviación. En el mismo año de su muerte participó en diversos meetings aéreos: Biarritz, Niza, Tours, Lyon, Verona, Budapest, Champagne, Blackpool, Rouen y Lanark. Incluso, llegó a batir en Issy-Les-Moulineaux el récord mundial de altitud elevándolo a 2652mts. Ese año fatal participó en la reunión internacional aérea de Milán donde la principal prueba consistiría en el paso de los Alpes por la garganta del Simplón.
Chávez en su monoplano Bleriot-XI salió el 23 de setiembre de Briga (Suiza) y apareció volando, luego de tramontar los Alpes, en el valle de Domodossola (Italia). Pero a cinco metros de altura las alas se desprendieron y doblaron como las de una paloma, estrellándose. Mas la hazaña estaba cumplida. Se comprobó que una pieza de unión entre el fuselaje y un ala delataba señales de rotura anterior y de una artesanal reparación con clavos. No sufrió lesiones internas, sino fracturas en las piernas. Su casco estaba intacto. El doctor Garrido Lecca, autor de un gran trabajo póstumo diagnostica que murió por un shock traumático. En fin, él en 1910 significó para el mundo lo que en los años veinte representara Lindbergh al volar el Atlántico, y en los cincuenta Gagarin al alunizar. Pero repitamos con Chávez: “Más arriba, más arriba todavía…”.