Hace unas pocas semanas, recorriendo los puestos de libros usados en el Jirón Camaná, en el Centro Histórico de Lima, encontramos el libro Reportaje al Futuro (Crónicas de un viaje a la U.R.S.S), del peruano Gustavo Valcárcel Velasco. Como su nombre lo indica, en él relata sus experiencias de viaje por los países socialistas y, en particular, por la Unión Soviética allá por 1960. Por feliz coincidencia, nuestro amigo el Ingeniero Javier Ramírez nos ha hecho llegar hace poco esta fotografía, en la que se ve a su hijo, Gustavo Valcárcel Carnero, junto a Yuri Gagarin, y un breve pero emotivo texto en que el peruano narra cómo conoció al legendario cosmonauta.
Un Peruano con Gagarin
Por:
Gustavo Valcárcel Carnero
Eran los primeros días del mes de enero de 1966. Moscú estaba cubierta de con un bello manto de nieve. Llegó la noticia a la Universidad “Patricio Lumumba” que Gagarin estaría en “La Casa de la Amistad”, en el centro de la ciudad, a eso de las 5 pm.
Yo había llevado un libro impreso por mis padres sobre la vida del primer cosmonauta soviético y tenía especial interés en entregárselo personalmente, porque constituiría un significativo acontecimiento en vida. El encuentro con él era expectante. Tenía un par de inconvenientes: aún no sabía el ruso porque tenía sólo 4 meses en la URSS y no conocía la ciudad para trasladarme desde las afueras hasta el bullicioso centro.
Le pedí a Fernando Caller, peruano con mayor antigüedad que yo y excelente traductor, que me acompañara para cumplir con mi sueño. Él accedió gustosamente y nos embarcamos en tranvía y, luego, en trolebús.
Efectivamente, había una ceremonia de presentación del querido Yuri Gagarin ante jóvenes estudiantes extranjeros en Moscú. Los números artísticos transcurrían y Fernando no tenía la más mínima intención de moverse de la butaca. Le decía en voz baja... “¿a qué hora vamos al estrado?”. Me miraba incrédulo y me contestaba con tono dubitativo... “¡Espera un ratito”. Así se me iban los cortos minutos y llegó el final. El ilustre invitado ya había contado su experiencia en el cielo. El Director de “La Casa de la Cultura” agradeció a los asistentes... miré a Fernando coléricamente y me levanté del asiento. No sé cómo pude llegar al tabladillo, pasando por los cordones de seguridad.
En un instante me encontré frente a frente con Gagarin. Recuerdo que se me acercó el Director, preguntó por mi nombre, país y qué quería. Le expliqué mi propósito y lo tradujo al ruso, para el público presente. Gagarin me miraba esperando algunas palabras, pero el silencio de la emoción frente a él se sumaba a mi mudez en rudo. Felizmente Fernando me siguió y tradujo un inicial saludo protocolar que terminó con un cálido apretón de manos. Fotos fueron y vinieron y este recuerdo quedará conmigo paseando por el éter imperecedero.
Su prematuro fallecimiento impactó mi vida. Ahora, han pasado 40 años y las huellas de mi juventud sólo quedan en esa imborrable foto.
Lima, 23 de marzo del 2006.
